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El Madrid no logró la remontada pero cayó con honor

  • El árbitro belga, De Bleeckere, volvió a jugar en contra de los intereses blancos y anuló un gol más que dudoso a Higuaín con 0-0 en el marcador.
Barcelona 1-1 Real Madrid
David Jorquera - La Crónica David Jorquera - La Crónica

El Real Madrid no logró la machada en Barcelona de vencer por dos goles, diferencia que necesitaba para plantarse en Wembley. Los de Mourinho, hoy dirigidos por Karanka, jugaron sin complejos y ofrecieron buena imagen. Un gol anulado a Higuaín fue el desencadenante de los acontecimientos. Pedro marcó a renglón seguido y Marcelo empató poco después. Un empate con sabor amargo pero que dejó claro que a igualdad de efectivos en el campo la diferencia entre ambos es inapreciable.

El Madrid necesitaba tocar una tecla diferente para, al menos, proponer otro partido. No valía el trivotazo, ese invento de Mourinho más proclive a la destrucción que a la construcción, y el portugués se sacó de la manga la titularidad de Kaká y de Higuaín. Dos de los héroes de la exhibición de Mestalla fueron los recursos a usar por parte del técnico blanco con el objetivo de demostrarle al Barcelona que los blancos también tienen peloteros y no sólo picapiedras.

La salida del Madrid recordó a la de la final de la Copa del Rey. Presión muy adelantada, líneas juntas y la intención de no permitir espacios para la movilidad entre líneas de los de Guardiola. El teórico estaba visionado por todos. Faltaba por ver la práctica. El físico marcaría hasta donde podría llegar el Madrid pero, al contrario de lo que sucedió en el primer partido, salió a buscarlo. A comérselo con un cuchillo y un tenedor. No con una cuchara sopera. El Barça se vio sorprendido en un par de intentonas de salida de balón. Eso alertó al Madrid y a la gente. Había más eliminatoria de lo que se proclamaba o, al menos, de lo que algunos proclamaban.

La intensidad del Madrid iba menguando conforme se acercaba el gong del descanso. Carvalho estaba con amarilla y sólo la omnipresencia de Lass Diarrá parecía incansable. Ahí se le saltó algún punto al Madrid en ese jersey que estaba tan bien perfilado en el inicio. Fue entonces cuando apareció Casillas, para evitar el deshilachado. Primero con una gran mano a Villa a tiro cruzado y, posteriormente, con otra a Messi a tiro de éste desde la frontal. El oxígeno abandonaba a los blancos como el desodorante y sólo algún intento de contra permitía a Casillas limpiarse los guantes con la confianza de ver el balón a más de 50 metros de su portería. De Valdés apenas había noticias, así que el descanso fue un mal menor para los de Karanka. El 0-0 no servía pero la diferencia no se había ampliado, pensarían en el banco merengue.

De Bleeckere apareció

El lógico impulso con el que el Madrid afrontó el inicio de la segunda parte se transformó en una alegría que duró segundos. Lo que tardó el colegiado en anular un gol de Higuaín en una jugada que aún nadie se explica. Una clara falta de Piqué sobre Cristiano dio origen a la caída de éste que, sin mirar, se encontró con Mascherano al que derribó. Higuaín aprovechó la coyuntura y anotó ante Valdés. La sorpresa llegó cuando el trencilla belga, malo como él solo, no sólo anuló el tanto sino que lo que hizo fue pitar la falta de Cristiano a Mascherano cuando, como mínimo, lo que tenía que haber hecho era señalar la falta de Piqué. Lo dicho, pésimo.

Ficha técnica:

Barcelona 1: Valdés, Alves, Pique, Mascherano, Puyol (Abidal 90’); Xavi, Busquets, Iniesta; Messi, Pedro (Afellay 93’) y Villa (Keita 73’)

Real Madrid 1: Casillas, Arbeloa, Carvalho, Albiol, Marcelo; Xabi, Lass; Kaká (Özil 60’), Di María, Cristiano; Higuaín (Adebayor 55’)

Goles: 1-0 Pedro (54’), 1-1 Marcelo (63’)

Árbitro: Frank De Bleeckere. Amonestó a Carvalho, Pedro, Marcelo, Adebayor, Lass

Estadio: Camp Nou. Lleno total, 95.000 espectadores.

Como suele suceder en estos casos, de lo que tuvo que haber sido el 0-1 se pasó al 1-0. Una mala presión de la defensa adelantada del Madrid se tradujo en balón interior de Iniesta a Pedro que éste mandó a la jaula merengue. Un golpe al mentón difícil de digerir. El gol y el fallo del árbitro, dos en uno. No era tiempo de lamentarse aunque sí de maldecir. De hecho, Casillas se salió de su apellido, y se tocó en varias ocasiones la cara. No estaba nada conforme con el arbitraje. Y no era para menos.

A pesar de los rayos y de los truenos el Madrid no se dejó morir. Quiso dignificar a su escudo y a su gente. Tanto a los que se desplazaron al Camp Nou como a los que lo vieron por televisión. Un pequeño terrón de azúcar en el amargo regusto dejado por el árbitro lo puso Marcelo que acertó a mandar a la red una buena asistencia de Di María. El mérito real del gol lo tuvo uno que no saldrá en el vídeo, Xabi Alonso, que robó el balón casi en la frontal del área rival. Ahí es donde se ganan partidos y no en cancha propia. Fue un arranque de campeón que se quedó ahí. No hubo tiempo para que el Camp Nou tiritara con un posible segundo gol blanco. El Madrid no estará en Wembley pero se marcha de Europa con una imagen de gran equipo y una pregunta: ¿Qué hubiera pasado si Stark o De Bleeckere no se hubieran cruzado en su camino? Se admiten todo tipo de respuestas.

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