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Alves, farsante dentro y fuera del campo

  • Sus declaraciones le dejan en evidencia
Sus palabras le dejan en evidencia
I.L I.L

Daniel Alves trata de engañarnos a todos. No sólo por las piruetas y croquetas que realiza sobre el terreno de juego, acciones antideportivas a todas luces que dan a entender que le han roto la pierna, y que sólo sirven para burlarse de las aficiones contrarias, del árbitro y de compañeros de profesión a los que intenta expulsar sin razón. Fue lo que hizo con Pepe ni más ni menos el pasado año en la Champions.

Cada vez que el brasileño abre la boca sube el pan. Más que nada porque vive obsesionado por el Real Madrid y siempre guarda un espacio en sus intervenciones para maldecir al equipo madridista, club en el que como se demuestra en la imagen de una noticia sacada de archivo del pasado 20 de agosto del año 2007 le habría "encantado" poder jugar. Ahora reniega de la que fue su ilusión. Así se las gasta Alves, un hipócrita tanto dentro como fuera del campo. Lo mejor de todo es que las pruebas le dejan en mal lugar. Si sobre el campo es mal compañero, farsante e instigador de polémicas y broncas, fuera no mejora demasiado.

Sus dardos envenenados hacia Madrid denotan un complejo de inferioridad espectacular. Alves sabe que el Real Madrid es el club más grande del mundo. Sabe que si él estuviera en el Bernabéu tendría más espacio en los medios, sería más mediático y más agencias de publicidad ser interesarían por él. Sin embargo, para tener su minuto de gloria como culé tiene que maldecir al Real Madrid porque sino nadie le daría bola. Un comportamiento demasiado triste.

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