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Muchas gracias, Florentino

  • El presidente madridista acertó al no permitir que se jugara la final de Copa en el Bernabéu
El presidente acertó al no dejar que se jugara la final de Copa en el Bernabéu
Defensa Central Defensa Central

Durante cerca de tres meses el madridismo ha tenido que aguantar la presión del Barcelona y el Athletic de Bilbao para jugar la final de Copa del Rey en el Santiago Bernabéu. Desde ambos clubes se prometía un partido modélico, una fiesta del fútbol; pero lo cierto es que el Real Madrid y su presidente supieron darse cuenta de que no era oro todo lo que relucía. Más allá del simple encuentro, los dos clubes y aficiones tenían preparada una jornada de reivindicaciones políticas que tuvo su plasmación en el Vicente Calderón.

 

 

Más allá del deporte, el espectáculo vivido en el campo del Manzanares fue bochornoso. Pitos de miles de personas al himno español, insultos a la presidenta de la Comunidad Esperanza Aguirre y al propio club blanco, mensajes independentistas en las gradas y ausencia prácticamente total de banderas españolas. Todo un homenaje al nacionalismo catalán y vasco, culminado al término del encuentro con la estampa dejada por los capitanes Puyol y Xavi al pasear con la Copa del Rey junto a la estelada y la ikurriña.

Es decir, que el Barcelona quería el Bernabéu para eso. Para reírse de los símbolos españoles, para burlarse de la competición que iba a disputar. A lo que había que sumar el morbo de jugar el partido en Madrid; y si hubiera sido el estadio merengue, mucho mejor. En el templo del fútbol español, uno de los campos más importantes del mundo y referencia para millones de madridistas en el mundo. Hubiera sido como prestar la casa propia para que tus huéspedes disfruten y encima se rían de tí. Pero nada de eso, porque Florentino fue inteligente y se negó en redondo. Había obras inaplazables en el feudo merengue y, aunque no las hubiera habido, el madridismo no podía permitir eso

Prestar el Bernabéu hubiera significado ser cómplice de lo que el viernes sucedió en la final de Copa. Como lo ha sido el Atlético, un club que, con tal de llevar la contraria al Madrid, cedió el Vicente Calderón. En el palco del partido estuvo el presidente rojiblanco, Cerezo. Sin parecer importarle el triste espectáculo  que se vivió especialmente en las gradas. Su club había querido ponerle una alfombra roja a la fiesta del independentismo y todo salió conforme a lo esperado. Así que, al menos, el madridismo puede quedarse con el consuelo de tener las manos limpias. Nadie nunca podrá decir que el Santiago Bernabéu fue el escenario de lo ocurrido. Por ello, muchas gracias Florentino.

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