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España es un país con un gran patrimonio cultural y artístico. Como eje vertebrador del Occidente que hoy conocemos, nuestra nación cuenta con diversos lugares por todo su territorio que explican muy a las claras dónde nos encontramos. Sigüenza, en la provincia de Guadalajara (Castilla-La Mancha), es uno de esos municipios que desprenden historia y escenifica claramente que ese pasado se refleja con generosidad en su riquísimo patrimonio arquitectónico, constituyendo uno de los conjuntos medievales más espectaculares de España. Con cerca de 5.000 habitantes, Sigüenza es toda una ciudad, ya que tiene el título, a pesar de su reducido censo.
Con un castillo medieval, una catedral del siglo XII y Casa del Doncel, donde se encuentra el Archivo Histórico Municipal, Sigüenza forma parte de la comarca de la Serranía. El término, que incluye, además de la capital municipal, a 28 pedanías, ha sido reconocido mundialmente como Patrimonio Mundial por la Unesco, dentro del paisaje cultural vinculado a la sal de Guadalajara (desde 2023, junto a otros enclaves), y además tiene un patrimonio medieval de enorme trascendencia fruto de las guerras entre musulmanes y cristianos. La ciudad fue reconquistada en el siglo XII.
En la segunda mitad del siglo XV fue obispo de Sigüenza -además de posteriormente arzobispo de Toledo- el Cardenal Mendoza y, durante su vida, la ciudad conoció su máximo esplendor, fundándose en 1489 la Universidad de Sigüenza. Durante la Edad Moderna se completó el proceso que condujo a la cesión del señorío episcopal, al que habían pertenecido las tierras de Sigüenza desde el siglo XII, a la Corona de Castilla cuando el obispo Juan Díaz de la Guerra renunció a él y se nombró un alcalde mayor interino -el marqués de Brioso- el 19 de septiembre de 1796.
Sigüenza y sus calles empedradas
Lo más aconsejable para empezar a conocer a fondo Sigüenza es visitar su castillo, donde se puede dejar el vehículo en la zona de aparcamiento, y pasear en dirección a la catedral, pasando por las diversas puertas. Esta opción es más cómoda, al ser toda cuesta abajo. Las calles empedradas son una de las características más singulares de esta localidad por la que discurre el río Henares y también cuenta con afluentes de éste, los ríos Dulce y Salado.
Lo más llamativo en el plano turístico es que el castillo, que fue fortaleza celtibérica, romana, visigoda, árabe y, desde 1124, castillo episcopal, se ha convertido en el Parador, que conserva majestuosamente toda su idiosincrasia. Así, sus torres, muros, el precioso patio y los balcones de madera armonizan con la piedra, la capilla románica del siglo XIII y en el restaurante abovedado.