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Así se vivió la felicidad en el Bernabéu

  • Todo el estadio saltó de alegría con cada uno de los goles del Real Madrid y estallaron con el pitido final
Bernabéu, Pantallas Bernabéu, Pantallas
El Santiago Bernabéu durante la final de la Champions
Carlos Muñoz Carlos Muñoz

El Real Madrid es campeón de Europa y de nuevo el Santiago Bernabéu volvió a vivir una de esas noches que pasará al recuerdo de la historia de este deporte. Congregados delante de las ocho pantallas habilitadas en el campo, festejaron todos y cada uno de los goles del Real Madrid hasta que el árbitro pitó el final. La alegría invadió a todo un estadio a rebosar.

No podía faltar la tradición que tan bien le ha funcionado al Real Madrid en los últimos años cuando se trata de jugar una final de Champions. El Santiago Bernabéu no podía faltar a una cita con la historia y la afición no defraudó a la hora de llenar el coliseo blanco.

Con un total de ocho pantallas colocadas cual octógono en el centro del campo, la tarde la amenizó la música y la espera se hacía eterna hasta que el balón comenzó a rodar. La afición se venia arriba con cada acercamiento del equipo y sufría con cada ocasión de la Juve al principio. La gran ovación se la llevó Keylor con una parada a Pjanic. Con el 0-1 de Cristiano el estadio se volvió loco, se había hecho lo más difícil, adelantarse en la final. Sólo el empate de Mandzukic dejó callado a todo un Bernabéu que transformó el silencio en cánticos y así hasta el descanso. Ya en la segunda parte llegó la gran fiesta del madridismo, con el golazo de Casemiro se desataba la locura, cientos de bufandas al viento abrazos y un grito de gol que no se acababa nunca. Casi sin poder reponerse, la afición sacó de nuevo aire de los pulmones para gritar el gol de Cristiano, se sabía que la Duodécima era una realidad.

Antes del gol de Asensio, gritos de 'campeones-campeones', recuerdos a Piqué e incluso una ola llevada perfectamente en sincronía por la afición hacía de esta fiesta una noche histórica. El apoteosis llegó con el cuarto gol de Asensio y ya si que nadie pudo evitar cantar como nunca el grito de 'Si si si, la Duodécima ya está aquí'. Con el pitido final de Brych, se daba rienda suelta a la alegría de una afición que sufrió al principio, pero que vio como en la segunda parte su equipo hizo historia. El estadio se tiñó de negro cuando Sergio Ramos levantó de nuevo la Champions y acto seguido desalojó el estadio rumbo a una Cibeles que han visitado en apenas tres semanas con un doblete histórico.

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