Historia


¿Cómo era el laboratorio de un alquimista?

¿Cómo era el laboratorio de un alquimista?

A diferencia de los actuales laboratorios de química, el lugar de trabajo del alquimista era oscuro y desordenado. Los alquimistas pasaban horas en sus laboratorios manipulando sustancias minerales y vegetales con el objetivo de producir oro a partir de otros metales.

 

Esa codiciosa búsqueda de la formula de oro, tenía un trasfondo más espiritual que material, ya que, según sus creencias, transformar metales comunes en oro era un forma de liberar la esencia divina que existe en las cosas. Sin embargo, esta filosofía no convenció a la Iglesia Católica que, en el siglo XIV, prohibió la alquimia y su práctica sólo volvió un siglo más tarde cuando empezó a ser aceptada socialmente.

El lugar de trabajo de los alquimistas solía ser oscuro y desordenado. Para mantener en secreto sus prácticas, los laboratorios eran construidos en sótanos donde trabajan a luz de velas. El ambiente se hacía insoportable debido a la fuerte concentración de olores de las distintas sustancias.


Rodeados de libros y pergaminos los alquimistas registraban sus experimentos para después compartirlos con sus colegas. Para evitar que personas ajenas robasen sus formulas solían emplear un lenguaje en códigos secretos.


No sólo buscaban la fórmula del oro sino también creían que podían crear una criatura surrealista llamada Homúnculo, cuya receta llevaba semen humano magnetizado enterrado en excrementos de caballo.


Los alquimistas eran más eficientes para destruir que para crear oro, y para ello utilizaban una solución altamente corrosiva llamada agua regia.


Mientras los alquimistas europeos ambicionaban encontrar la fórmula del oro, los asiáticos buscaban la vida eterna, a través de pociones  que los llevaría a lo que ellos llamaron el elixir de la vida.