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Culés, estáis a más de10 en señorío

  • En el Barcelona es norma no rectificar a pesar de su clara y continua antideportividad
En el Barcelona es norma no rectificar a pesar de su continua antideportividad
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"Quizás esa jugada sobraba y lo admito. Si me ven, me expulsan. Levanté el codo, pero en ningún momento para hacer daño, quiero dejarlo claro. Es una acción que sobraba y de la que intentaré aprender". Con estas palabras Sergio Ramos se disculpaba en la noche del lunes en los micrófonos de la 'Cadena Ser' por su incidente con el rayista Diego Costa. Unas disculpas que dicen mucho del jugador madridista y que son una demostración de que en el club blanco, a diferencia del Barcelona, el pedir perdón es algo habitual.

En estos momentos la clasificación liguera entre Real Madrid y Barcelona marca unas distancias de 10 puntos entre ambos. A pesar de la que misma es deportiva, se podría decir que también es institucional, pues la diferencia entre los estilos de ambos clubes viene siendo patente. Mientras en el club blanco los jugadores que cometen errores salen a disculparse de manera pública (como esta vez Ramos o Pepe por su incidente con Messi), en el conjunto catalán se esfuerzan en correr un tupido velo y se parapetan en ironías e hipocresías.

El madridismo todavía está esperando unas disculpas públicas de Messi por darle un balonazo intencionado a la grada del Santiago Bernabéu. O unas palabras en la misma línea de Busquets lamentando lo que le dijo a Marcelo también la campaña pasada y por lo que no fue sancionado. Tampoco ha dicho nadie nada en el conjunto catalán por el claro pisotón que el propio centrocampista le dio el pasado domingo a Juanfran. Ni por las continuas manos de Busquets en los partidos. En lugar de eso, Pep Guardiola sale a la ruedas de prensa a poner cara de niño que no ha roto un plato en su vida mientras lanza dardos envenenados a diestro y siniestro.

Sin olvidar que su capitán Xavi quedó en evidencia hace unas semanas al ser captado por las cámaras cuando criticaba al Real Madrid tras el partido que jugó ante ellos en la Copa del Rey. El mismo jugador que cuando habla ante los medios de comunicación dice no querer hablar de los árbitros, o se le llena la boca con el supuesto respeto que le guardan a los rivales. Pura y cruda hipocresía, disfrazada de buenas palabras pero en la que los actos de honestidad y buen hacer brillan por su ausencia. En el Barcelona se creen y venden que son perfectos, que no cometen errores. Por eso nunca piden perdón ni rectifican, de manera que cuando hacen algo mal intentan que parezca que es culpa de un factor externo. Por eso también están a diez puntos en la otra Liga, la que mide el señorío de los dos grandes clubes de España.

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