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Esquerra nombra asesor a Laporta

  • El partido separatista quiere que el presidente del Barcelona colabore con la Generalidad en su política exterior
El partido separatista quiere que el presidente del Barcelona colabore con la Generalidad en su política exterior
Eduardo Torrico Eduardo Torrico

Joan Laporta ha conseguido por fin lo que andaba buscando desde que fue nombrado presidente del Barcelona: entrar en política. Según ha anunciado la viceconsejera de Asuntos Extreriores de la Generalidad de Cataluña, Roser Clavell, Laporta colaborará con este organismo en la creación de la hoja de ruta que marcará las líneas estratégicas de la política exterior del tripartito catalán.

 

Se confirma de esta manera no sólo la ambición de Laporta de utilizar al deporte y al Barcelona para medrar políticamente, sino también su vinculación ideológica con el partido separatista Esquerra Republicana de Catalunya, al que pertenecen tanto su mentora Clavell como quien puso a ésta en el cargo, Josep-Lluís Carod Rovira.

Cabe recordar que la primera medida adoptada por Laporta, al  día siguiente de ser elegido presidente del Barcelona, fue retirar la bandera de España que ondeaba en La Masía, residencia y centro de entrenamiento en aquel momento de las categorías inferiores del club azulgrana.

Las afrentas de Laporta hacia todo lo que tenga que ver con España son constantes. Por ejemplo, el Barcelona, por orden suya, prohibió que Bojan Krkic posara con la camiseta de la selección española de fútbol cuando fue convocado por primera por Vicente del Bosque. También fue Laporta el que llegó a recomendar a sus jugadores "dosificar" sus esfuerzos cuando juegan con España.

Laporta, asimismo, ha demostrado en no pocas ocasiones de qué pie cojea cuando ha calificado a Cataluña de "nación" y cuando ha abanderado la cruzada para que esta región autonómica pueda contar con selecciones deportivas que la representen en competiciones internacionales de carácter oficial.

En ocasiones, el odio de Laporta hacia España llega al puro esperpento. Es el caso de su polémica con la compañía aérea alemana de aviación Air Berlin, con la que se ha negado a que viaje el Barcelona porque dicha compañía no utiliza el idioma catalán en sus vuelos.

Esperpéntica fue también su decisión de que no suene el himno nacional cuando juega el Barcelona en el torneo de El Algarve (Portugal) de categoría benjamín.

Y esperpéntica, a la par que ridícula, fue la orden que dio de que el Barcelona no ayudara a promocionar la candidatura olímpica de Madrid 2012, a pesar de que la ciudad de Madrid y todos los clubes deportivos de Madrid se volcaron en su día con la candidatura olímpica de Barcelona'92 (incluso el Real Madrid llegó a lucir publicidad de esa candidatura en sus partidos de Copa de Europa).

 

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