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El 'patito feo' de Juande

José David López José David López

El Santiago Bernabeu ha podido ver ya en acción a tres de los refuerzos invernales. La hinchada blanca ha observado la potencia de Lass y los primeros minutos de Faubert con la elástica blanca. Uno parece afincado y del gusto de lo que actualmente demanda el equipo mientras el otro está camino de ajustarse a las exigencias de llegar al club más laureado del planeta. Lejos de ese protagonismo, alejado de los focos y sin nadie apiadándose de él, está un ‘killer’ que parece destinado a ser el ‘patito feo’ del mercado invernal.

Klass Jan Huntelaar sí fue fichado hace dos meses, sí costó 20 millones de euros y sí es un auténtico rematador que vive del gol. Lo repito para aquellos que duden de su presencia en la plantilla merengue porque desde su llegada ha sido defenestrado por un técnico empecinado en crecer y progresar en base a resultados.

Concientemente o no, con bases deportivas o no, lo único cierto es que, hasta la fecha, prefiere mantenerlo al margen del bloque. El holandés apenas ha disfrutado de varios minutos de la basura, aquellos destinados a jugadores que intentar revolucionar partidos, perder tiempo o conservar un marcador positivo. Huntelaar no cumple esos requisitos porque durante años ha demostrado gol tras gol que su única vía para la titularidad es la confianza que sus goles le ofrecen. Sin minutos, nos quedamos sin nuestro verdadero goleador.

Al contrario que Raúl y que Higuaín, Klass es un rematador puro. Un delantero que necesita ser suministrado de balones y que sabe ‘pescar’ en la isla que Juande ha preparado para todo aquél ariete que se impongan en su once. La mecánica defensiva del técnico evita opciones para un jugador que, no olvidemos, ha costado 20 millones de euros y llegaba para paliar la ausencia de gol tras la grave lesión de Van Nistelrooy.

Sin embargo, salvo que alguien me corrija, aún no he visto un gol vestido de chándal, rodeado de pipas y con la comodidad (y desesperación) del banquillo. Una falta de oportunidades y, quizás, de respeto, para un punta consagrado que está siendo tratado como ese canterano que busca minutos para el recuerdo (con todos mis respetos). Juande, reacciona o lo hundiremos.
 

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