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Una traición al escudo

Miguel Ángel Díaz Miguel Ángel Díaz

Una semana después, aún sigo dándole vueltas. Quizás hasta puede ser positivo para el futuro del Real Madrid el baño y la humillación a la que le sometió el Barcelona. Todos teníamos claro que los culés jugaban mejor al fútbol, pero no que en el día ‘D’ los blancos se fueran a dejar en casa el orgullo y la casta. Dentro de medio siglo (que se dice pronto) las hemerotecas y las estadísticas seguirán diciendo que sólo el 2 de mayo de 2009 el Barcelona marcó ¡6 goles¡ en el estadio Santiago Bernabéu. Una derrota hiriente que debe suponer un punto de inflexión en la historia del Real Madrid.

Poner un solo reproche sería de locos. El Barça tumbó al Madrid con una superioridad aplastante, casi insultante. La victoria visitante estaba en el guión, pero el resultado final no entraba en los planes del apostante más sagaz. Un equipo descorazonado deambuló sobre el césped a merced de un rival que hizo lo que quiso en todo momento. El fútbol tiene estas paradojas que le hacen ser tan grande. Sólo un año después se pasa de un 4-1 a un 2-6 con 7 futbolistas idénticos en cada una de las dos alineaciones. Qué razón tiene Jorge Valdano cuando dice aquello de que “el fútbol es un estado de ánimo”.

Un suplente del Barça le comentó a otro suplente del Real Madrid mientras calentaban ya los dos equipos sobre el césped: “¿Qué pasa que la gente no anima o qué?”. La reflexión me da que pensar. Obviamente sólo faltaba que culpara a la afición madridista de lo sucedido sobre el césped, pero la confidencia es significativa. Quizás los futbolistas del Barça esperaran un Bernabéu en éxtasis, casi sumido en un ambiente pre-bélico y enseguida se dieron cuenta de que el personal estaba anestesiado. No me extraña que después de la temporadita en la ‘Casa Blanca’ quién más y quien menos tirara la toalla. No sé si fue antes el huevo o la gallina o si son los jugadores los que deben encender al público o viceversa, pero de cara al futuro sólo con nombrarlo, el Bernabéu debe provocar gastroenteritis al que lo pise.

Qué razón llevaba Iker Casillas cuando hace unas semanas cuando dijo aquello de que nos faltan jugadores competitivos para volver a triunfar en Europa”. Un par de compañeros le recriminaron en el vestuario su exceso de sinceridad por no contribuir a la salud del colectivo, pero el tiempo le ha dado la razón al portero. Sabíamos que la plantilla del Barça tiene más calidad que la del Real Madrid. pero (aunque lo sospechaba) no tenía claro hasta el 2-M que a un puñado de jugadores les queda demasiado grande la camiseta blanca. Es más, quizás ni siquiera tengan claro lo que representa y significa el escudo que llevan en el pecho. La pena es que igual ni se han preocupado por conocer la historia del club que representan, o peor aún, no hay nadie que se la haya explicado.

Para jugar este tipo de partidos, juega un componente importante el corazón. No se puede consentir que tu máximo rival te esté pasando por encima y que no enseñes ni las uñas. El clásico del 2-M del 2009 pasará a las hemerotecas por la foto de Puyol besándose el brazalete tras marcar el 1-2 o por la piña de los blaugranas en el corner tras marcar el 2-6. Si Fernando Hierro hubiera jugado ese partido, seguro que algún rival habría saltado por los aires o a alguno se habría encarado como hizo en su día con Rivaldo o con Kluivert.

Lo único positivo es que el 2-M ha abierto los ojos a todo el mundo y que la plantilla del Real Madrid será muy diferente a la actual. Y ojalá los que vengan sean tan competitivos y respeten tanto a ese escudo como Mamadou Diarra. Muchos dirán que si me he vuelto loco, pero ya les he conté que el maliense lloró viendo desde la grada el Sevilla-Real Madrid cuando Renato marcó el 3-4, el día antes de ser operado de la rodilla. Posiblemente a Diarra I no le quede mucho tiempo en el Real Madrid, pero jugadores con ese amor propio y ese carácter son los que quiero yo en mi equipo. Esos que se pasaron el domingo sin salir de casa, tumbados en el sillón hablando por teléfono sin parar dándole vueltas a lo sucedido. Madridistas de cuna o de corazón, pero madridistas.

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