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Pedja y Zinedine, de dioses a … ¿villanos?

José David López José David López

El destino es caprichoso, a veces grosero y muchas más totalmente imprevisible. Llevaba meses con el bramante al cuello, aguantando ‘palos’ desde la prensa, que pedía su adiós, su marcha, una obligada reestructuración tras la caótica directiva que fraguó el antepasado de Ramón Calderón. El personaje cuyo paso por el Real Madrid jamás será olvidado por la violación extrema y continuada de sus actos incompetentes pero también, desde luego, por haber colocado en la dirección deportiva a uno de los símbolos más queridos por todo el madridismo: Pedja Mijatovic.

Aquél balcánico que inició la ‘guerra’ Madrid-Valencia, que acreditó junto con Suker la delantera del Madrid campeón liguero en 1997 y que pasó a los anales del club por su gol en la final de la Champions un año después, salió del Santiago Bernabéu como un señor, en silencio, ignorando la polémica y honradamente aunque (y quién se lo iba a decir), por la parte trasera y sin una rueda de prensa a su medida. Un simple comunicado del club al que dio uno de sus mayores tesoros, una despedida con una carta pacífica sin intereses vengativos y con deseos para un Madrid prolífico en títulos en los años venideros. La escena, once años después de aquél mágico gol, de la perenne y ansiada Séptima Copa de Europa, desprestigia a un icono cuyo único problema fue asociarse a un carterista de guante blanco.http://www.elenganche.es/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif

Pedja tenía contrato con el Real Madrid hasta el 2010, cuando debía finalizar igualmente el mandato de su ‘verdugo’ Ramón Calderón. Sin embargo, dando por sentado que la temporada ya está finalizada y que su posición en el club podría suponer un problema en las semanas previas a unas elecciones siempre tumultuosas, recogió sus bártulos, sus sentimientos y su orgullo, para meterlos en el coche y salir agradecido y con la sensación de haber cumplido durante sus tres años. Dar la cara al madridismo nunca es ni será fácil pero cuando tu líder es un ejemplo de mezquindad y suciedad en el fútbol, lo es muchísimo más. Mijatovic tuvo luces y sombras, muchos quebraderos por culpa ajena pero también alguna decisión comprometida en labores personales. Su fallo, bajo mi concepto, fue elegir un cargo del que nunca nadie sale bien parado y jamás tenía que haber contado con la presencia de un ‘dios del madridismo’ como él.

Se le faltó el respeto, se metió en una parcela que difícilmente le iba a traer buenas consecuencias (más allá de su sueldo) y le obligó a dar la cara como voz del club en momentos delicadísimos. Atrás había quedado aquél ‘repeinado’ montenegrino que exaltaba al Bernabéu con golazos, que levantaba los graderíos con sus controles mágicos y que un día, sobre la noche holandesa y en un escenario ideal, gestó la mayor de las victorias que el madridismo recuerda. Ya lo dijo Hierro y lo recalco con humildad: “De Mijatovic hay que quedarse con la imagen de su gol en la Séptima”, y punto.

Y lo digo porque ahora, que todos colocan ya en el trono a Florentino Pérez, la sucesión en la dirección deportiva tendrá un nuevo inquilino. Valdano, que ya ha perjudicado su imagen sobremanera en anteriores épocas por este tipo de cargos, se posiciona para repetir éxitos y desgracias (porque es imposible despedirse con brillantez). Sin embargo, el caso de Pedja, que como hincha tanta vergüenza me da, puede clonarse si nadie lo remedia con otro ‘astro’ que también dejó una Champions League en las vitrinas de Chamartín. Zinedine Zidane, que llegará como asesor entre presidente-plantilla, (y que ya toma decisiones) corre el serio peligro de salir por la puerta trasera de un Bernabéu que aún hoy le endiosa. Elige correctamente ‘Zizou’.

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