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Juan Carlos, el gran ignorado de La Fábrica

Alberto Piñero Alberto Piñero

Aún recuerdo el día que conocí a Juan Carlos. Fue la temporada pasada cuando acudí a cubrir el Castilla-Sporting B de la jornada cinco en lo que era para mí una de las primeras veces que iba al Alfredo Di Stéfano a ver al filial madridista. Sentado en los pupitres del campo madridista con mi ordenador portátil, en la segunda parte se me sentaron al lado unos chicos con la camiseta de entrenamiento del Real Madrid. Reconocí a Tomás Mejías, el hoy portero del Castilla que el año pasado jugaba con el Real Madrid C, con el que intercambié algunos comentarios sobre el partido. Había jugado en verano con la selección española y no me costó reconocerlo tras verlo en algunos medios de comunicación.

A su lado había un chaval con cara de niño, y le pregunté con toda la ignorancia posible: “¿Tú dónde juegas? ¿En el Juvenil?”. A lo que él me respondió con vehemencia: “No, no, no… ¡yo juego en el Castilla también hombre!”. Se trataba cómo no de Juan Carlos, que se debió dar cuenta de la cara de imbécil que se me quedó, y se puso a reír con esa naturalidad que es tan propia en él. Burlas a las que por cierto tardó muy poco en unirse el propio Mejías.

No se me ha olvidado ese día porque me costó mucho digerir el bochorno que pasé hasta que les perdí de vista al finalizar el partido. Sin embargo, con el paso del tiempo me he convencido de que era complicado haber conocido a Juan Carlos si no eras un acérrimo del Castilla o un experto seguidor de las categorías inferiores del Real Madrid. Y es que, paradójicamente, su proyección en los medios era inversamente proporcional a la calidad que descubrí en él poco después.

Con su velocidad, técnica, garra y olfato de gol, Juan Carlos era con diferencia (y sigue siendo) uno de los futbolistas más talentosos del Castilla y uno de los más determinantes. No en vano, fue el máximo goleador incluso. Sin embargo se hablaba mucho más de otros jugadores de los ‘titularísimos’ como Sarabia, Juanfran, Mosquera y Rodrigo, o incluso de otros como Marcos Alonso o Szalai que no eran ni mucho menos tan determinantes para el filial blanco. Y es más, porque ni siquiera en el propio club se le brindaba el reconocimiento que merecía a tenor de su calidad. Porque Pellegrini apenas le convocó ni para los partidos ni para los entrenamientos del primer equipo (por cierto que este verano Mourinho tampoco le convocó en pretemporada).

Creo que actuando desde la lógica, durante el año pasado Juan Carlos fue protagonista en muchos post-partidos en Defensa Central. Cada vez que nos encontrábamos me recordaba entre risas lo poco que hablaba de él, acusándome de seguir creyendo que estaba en el juvenil, pero por varias casualidades concatenadas fue imposible entrevistarle la temporada pasada y darlo más a conocer a la familia madridista desde este rincón. Afortunadamente para él, el fútbol de vez en cuando es justo, y la última vez que vi a Juan Carlos no necesitaba que le diera yo ‘bola’, porque donde le encontré no fue en la grada del Di Stéfano como hace un año, sino que fue en la zona mixta del Santiago Bernabéu después de haberse convertido en el primer canterano que debuta en partido oficial en la era Mourinho. ‘El nieto del viento’ había dejado de ser ya el gran ignorado de La Fábrica merengue.

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