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Los límites de la estabilidad

  • "El club haría bien en sentarse al final de la temporada con él y pedirle moderación"
Jaime de Carlos - La Opinión
Jaime de Carlos Jaime de Carlos

A falta de dos jornadas para finalizar la Liga, la temporada ha terminado virtualmente para el Real Madrid. Es momento, por tanto, de que la prensa madrileña enfoque sus páginas y sus análisis hacia los futuribles fichajes, a la par que en el club se empiece a hacer un balance detallado de los aciertos y los errores que se han producido esta campaña. Y es que, de realizar ahora un análisis correcto y adecuado depende que la próxima temporada tenga un final mejor que la presente.

 

El club blanco trajo hace diez meses a Mourinho con el objetivo de lograr títulos y competir directamente con el mejor Barcelona de la historia. Pues bien, pasado este tiempo, el luso lo ha conseguido. No con matrícula de honor, pues la competición que se ha ganado ha sido la Copa del Rey, la de menor valor en disputa, a lo que hay que añadir que el equipo no ha completado sus objetivos en la Liga y la Champions. Pero sí con aprobado alto. Es decir, la conclusión superficial es que el Real Madrid ha salvado una complicada temporada y lo ha hecho estableciendo unas importantes bases de cara al futuro.

Desde el 2003 era evidente que este club estaba a la deriva a nivel institucional y deportivo. En consecuencia, la llegada del luso ha supuesto una cierta ambivalencia en ese sentido. Por una parte, el equipo ha dado síntomas de tener las ideas  claras y de saber muy bien lo que quería, mientras que desde la cúpula directiva se ha querido arropar continuamente al entrenador. Pero, al mismo tiempo, Mourinho ha supuesto un terremoto mediático y ha generado un clima de convulsión continua que no ha beneficiado demasiado a la imagen del Madrid.

No cabe duda que la apuesta por fichar al técnico era muy arriesgada. Conllevaba llevar aguantar hasta el extremo sus consecuencias, so pena de caer en los viejos vicios del pasado, como los de devorar a los entrenadores de manera voraz, fomentando así la inestabilidad. Es decir, con su contratación, se podría decir que el Madrid le ha vendido su alma a Mourinho. Recuperar la gloria deportiva del club a cambio de que el de Setúbal tenga vía libre para hacer y deshacer y, lo más importante, decir o no decir lo que quiera, cuando quiera y como quiera.

 

Una decisión aceptable teniendo en cuenta la situación crítica a nivel deportivo que venía arrastrando en el último lustro. Pero también peligrosa, pues el ex de Chelsea e Inter se ha acabado por descontrolar. Con razón en muchas ocasiones, sin razón en unas pocas, el portugués ha sido fiel a su forma de ser y se ha convertido en el verdadero protagonista del club. Árbitros, rivales y medios de comunicación han sido objeto de sus críticas ácidas y mordaces. Sin embargo, lo más sorprendente de todo es que Mourinho también ha desarrollado una guerra interna con Jorge Valdano, algo menos admisible por el hecho  de tratarse de un miembro destacado del club.

Todo apunta ahora que el argentino no continuará en julio como director general. Y quién sabe, quizás sea Hierro su sustituto. Por lo tanto, el portugués habrá ganado una nueva guerra. La cuestión es que ésta sea la última que genere en el seno interno del Real Madrid, porque dudo de que la instución esté preparada para sobrellevar una temporada más como la actual. Por eso, y partiendo de la idea de que Mourinho es incorregible, el club haría bien en sentarse al final de la temporada con él y pedirle moderación. No en el sentido de aplacar su protagonismo, sino de enfocarlo hacia el bien común del madridismo. Y a este no se llega de otra manera que remando en la misma dirección.

Lo digo porque el trabajo a nivel deportivo que el entrenador ha hecho con este equipo es digno de elogio. Tras casi tres años de sequía ha traído ya el primer título y, además, le ha dado sentido y coherencia al juego desarrollado. El cual, será mejor o peor en función del rival y del partido, pero al menos evidencia dedicación, seriedad e ideas claras. De hecho, el Madrid puede, por fin, decir que tiene una plantilla joven, competitiva, de calidad y con mucha hambre. En definitiva, hay unas bases excepcionales para conseguir éxitos a corto plazo, por eso solo queda tener paciencia y valorar como buenos los resultados de esta temporada.

De hecho, creo que los grandes equipos no se hacen de un día para otro. El propio Barcelona de Guardiola fue en gran parte herencia del equipo que le legó Rijkaard, y ejemplos como este podíamos encontrar muchos. En consecuencia, el Madrid está obligado a tener estabilidad en su banquillo y en los despachos. Y para ello, es fundamental que Mourinho empiece racionalizar sus declaraciones. No es cuestión de pedirle que cambie de actitud, sino de que, manteniéndola si quiere, encuentre la manera de no perjudicar al Madrid creándole problemas interno. Porque, de no cambiar su enfoque, esta estabilidad podría acabar siendo muy corta.

 

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