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Diagnóstico: cagómetro disparado

  • Los barcelonistas no descansarán tranquilos hasta ver al Madrid sin posibilidades de ganar ningún título.
Daniel Castellanos - La Opinión
Daniel Castellanos - La Opinión Daniel Castellanos - La Opinión

Mis ojos siguen abiertos como platos. Y no, no es que haya pasado tres días seguidos sin dormir (eso se lo dejo a mi compañero de fatigas David Jorquera), sino que aún sigo alucinando con la peculiar manera de celebrar los goles del Olympique de Lyonde nuestros queridos compañeros de Ona FM. No es que quiera yo aprovechar este rincón de opinión para dar una lección de lo que debe ser periodismo de cátedra, pero esa manera tan pasional de los culés de alegrarse de los males del prójimo me da a entender varias cosas.

 

En primer lugar, que las aficiones del Barcelona y del Atlético de Madrid siguen hermanadas bajo un mismo sentimiento: al enemigo ni agua. Pasarán meses, años, lustros, décadas y siglos y los culés se seguirán alegrando más de las derrotas de su mayor enémigo que de los triunfos del que, supuestamente, es el equipo de sus amores. Ya puede ganar el Barcelona el triplete, el sextete y la Copa Coca – Cola, que los pobrecitos barcelonistas disfrutarán más con un gol del Olympique de Lyon que con una jugada de los Messi, Xavi, Iniesta y compañía.

Esa manera tan peculiar de vivir el deporte es difícil de explicar. ¿Complejo de inferioridad? ¿Alegría por el sufrimiento del enemigo más acérrimo? Piensen ustedes lo que quieran. Si nuestros compañeros de Ona FM consideran que narrando así los partidos van a hacer más felices a los barcelonistas de a pie, que sigan así. Ya he dicho antes que no voy a utilizar este espacio para dar lecciones a nadie, y así me voy a mantener. Ellos defenderán que los barcelonistas son por naturaleza antimadridistas, y me parece correcto. Lo que ocurre es que detrás de ese antimadridismo hay un sentimiento que los barcelonistas nunca reconocerán, y es el del miedo.

Porque señores, la realidad es esta: ha sido cosechar el Barcelona dos resultados negativos de manera consecutiva, y el barcelonismo en bloque se ha echado a temblar. Y mira que la distancia entre los dos equipos es aún de cinco puntos, pero parece que ya les cae el sudor por la frente. Y no es de extrañar. Hace no mucho tiempo, en la temporada 2006/07, con Capello de entrenador, el equipo entonces entrenado por Riijkaard aventajaba al Real Madrid en ocho puntos a falta de diez jornadas para el final de Liga. Teniendo en cuenta que ahora quedan 14 partidos y la distancia es tres puntos menos que la de por aquél entonces, no es de extrañar que a los culés les haya entrado la temblequera, porque si yo estuviera en su lugar también estaría asustado.

Y es que en el trasfondo de ese griterío en los estudios de Ona FM tras el gol de Gomis ante el Lyon se esconde precisamente eso: que pese a que el Barcelona es para muchos el mejor equipo del mundo, el Madrid aún tiene opciones de ganar el triplete. Y eso es algo que a los barcelonistas les está quitando el sueño, y más ahora que Mourinho es el entrenador del equipo madridista. Como diría el gran Tomás Guasch, el cagómetro culé está disparado, al rojo vivo, y los barcelonistas no descansarán tranquilos hasta ver al Madrid sin posibilidades de ganar ningún título. Y me da que con el entrenador que en estos momentos tiene el Madrid, algún (o algunos) disgusto mayúsculo se van a llevar los aficionados del Barça. Y si no, tiempo al tiempo.


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