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El Madrid volvió a llevarse el derbi del Calderón y mantiene la pelea con el Barça por la Liga

  • Los de Mourinho se llevaron el partido con goles de Benzema y Özil (1-2). Agüero acortó distancias al final. Los blancos pudieron golear pero Casillas fue el mejor junto a Özil.
At.Madrid 1-2 Real Madrid
David Jorquera - La Crónica David Jorquera - La Crónica

Las tradiciones en el mundo del fútbol pueden tratarse de dos formas. La amable es respetarla, la díscola es revelarse. Los Atlético-Real Madrid llevan tras de sí una tradición demasiado grande como para que alguno de los eternos rivales se hubiera atrevido hoy a quebrarla con algún aporte insospechado y inesperado. Ni una cosa ni la otra.

La Semana Santa, las vacaciones de verano, la Navidad y que el Madrid arranque sus partidos en el Calderón con 0-1 cuando el respetable aún no ha abierto la bolsa de pipas es ley matemática. Ciencia pura. Pasan entrenadores, jugadores y presidentes de distinto pelaje pero el 0-1 con el partido recién empezado (se rozaba el minuto 10) debería instaurarse como patrimonio de la humanidad. En esta ocasión fue Benzema el que aprovechó un pase a la espalda de la defensa de Khedira para apropiarse de la primera parte de la tradición. El francés está que se sale y Mourinho, que tácticamente es un manantial de la preparación, le blindó para que Lass y Khedira le ayudaran a recuperar el balón lo más arriba posible. Dicho y hecho. Guión y Óscar en forma de gol fueron uno.

Otro que cumple como el que más con las tradiciones en el Calderón es Casillas. De repente, al Madrid le entró la pájara o igual sólo era la pereza de saberse tan superior a su oponente. Sea como fuere ahí emergieron los guantes de Casillas para maniatar a Agüero, Godín y Reyes en sendos remates a la portería blanca. El Atlético no calibraba su puntería y eso, ante un Madrid que sin acercarse a la portería siempre huele el peligro, era el mayor de los pecados. Ese dicho tan manido de ‘el que perdona lo acaba pagando’ viene al pelo. Los locales fallaron y el Madrid no lo hizo. Marcelo volvió a poner el cuentakilómetros a todo trapo por la izquierda y su asistencia a Özil, que puso el pie como el que intenta evitar que se cierre una puerta de casa ante un golpe inesperado de aire, le bastó al equipo de Mourinho para ponerse 0-2 con el pijama, las zapatillas y el batín. Con la tranquilidad del que se sabía superior.

Ficha Técnica:

Atlético de Madrid 1: De Gea; Ujfalusi, Godín, Domínguez, Filipe; Tiago, Mario Suárez; Reyes, Elías (Koke 46’); Agüero y Forlán (Diego Costa 77’)

Real Madrid 2: Casillas; S. Ramos, Pepe, Carvalho, Marcelo; Lass (Arbeloa 81’), Alonso, Khedira; Özil, Benzema (Adebayor 69’)y Cristiano Ronaldo (Di María 71’)

Goles: 0-1 Benzema (11’), 0-2 Özil (32’), 1-2 Agüero (86’)

Árbitro: Teixeira Vitienes. Amonestó a Agüero, Ujfalusi, Lass y Marcelo

Estadio: Vicente Calderón. Lleno. 53000 espectadores.

Una superioridad que llevo al Madrid a la relajación. Excesiva relajación cabría decir. Iker tuvo que seguir haciendo horas extra en un mano a mano con Agüero en el que le adivinó la intención y el lanzamiento. Suspiros de muchas clases. De alivio los merengues y de angustia los rojiblancos. De nuevo Iker se convertía en protagonista de un partido que se afeó mucho en el segundo tiempo. Se le fue el maquillaje de la primera parte y se convirtió en un querer sin poder, el del Atlético, y un no poder por no querer mucho más del Madrid. Con todo, Cristiano tuvo la opción de marcar tras un juego de frontón con Benzema en un tiro al palo corto que lamió la madera.

Los cambios, a peor

Fue entonces cuando Mourinho metió oxígeno en el campo. Su equipo estaba en esa fase de ni fú ni fá  pero es cierto que sus cambios no sólo no mejoraron el equipo sino que lo empeoraron. Adebayor no mejoró a Benzema, Di María tampoco a Cristiano y quitar a Lass, a pesar de la tarjeta amarilla que arrastraba, fue el mayor de los pecados. El Madrid pasó a mejor vida, la misma a la que se agarró el Atlético. La de gato, es decir, la de Agüero, que aprovechó un barullo en el área para acortar distancias. Fue un espejismo porque el desierto era muy grande. Tan grande como la diferencia en el casillero de puntos de uno y otro equipo, ahora ya 34, pero con ese tufillo final a exceso de relax. La Liga sigue viva, al igual que la distancia. Y la vida de los derbis, como diría la canción, sigue igual.

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