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Piqué, un ‘bocazas anti-profesional’

  • El central culé asegura que ver al Madrid le aburre y falta el respeto a los blancos
El central culé asegura que ver al Madrid le aburre y falta el respeto a los blancos
I.L I.L

No se les llama galácticos como a aquellos que engalonaron la Liga no hace demasiado, aunque muchos quisieran robar el apodo. Se auto-denominan como el mejor equipo del mundo en la actualidad, a pesar de que ni siquiera han levantado un título esta campaña. Nadie les critica porque viven en un mundo de fantasía y color, ése que tienen por un estilo definido que está dando frutos pero el mismo que, con el Madrid a sólo seis puntos, puede hundirles en la miseria. La miseria donde se mueve peligrosamente Piqué y la miseria que puede gastarle una mala pasada en unos meses.

Piqué no ha tenido reparos en increpar duramente al Real Madrid, rival honesto, trabajador y respetuoso que no merece ni tan siquiera los comentarios (sean de índole favorable o no) de un jugador barcelonista. Gerardo, porque eso de Gerard parece inacabado, dijo sinceramente y sin tapujos que se aburre viendo al Real Madrid y que no vería a los blancos por nada del mundo: “Prefiero ver al Barcelona grabado que al Madrid en directo. Disfruto más viendo nuestros partidos grabados porque me gusta ver donde se juega al fútbol”, vaciló.

El central culé, que debe estar padeciendo el típico problema de ego aéreo que uno sufre cuando se cree dios de los cielos en la Ciudad Condal, olvida una palabra clave en el fútbol: humildad. O respeto, o educación, o pura lógica idealista si no puedes hacerte acreedor de las anteriores.

El zaguero barcelonista pierde los papeles, quizás crecido en su personalidad de suplente eterno (esa fue su realidad en Zaragoza y Manchester) que este año está empezando a sacar la cabeza de un pozo que se le alargaba en exceso. Piqué no da la talla como profesional porque nadie debe intentar desestabilizar al rival con injurias, palabrería barata y desprecio. Menos aún cuando te toca visitar el Santiago Bernabéu en plena lucha liguera con tu ‘cabeza’ soportando la defensa culé en el coliseo blanco.

Más que un grito de felicidad, las palabras de Piqué suenan a rabia contenida de un chico con mucho que aprender y que acaba de lanzar un dardo envenenado al madridismo.

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