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Una manita 'Silvando'

  • Exhibición de los de Del Bosque que machacaron a Bélgica (5-0). Silva y Villa lograron un doblete por cabeza. Los belgas no vieron la pelota y fueron ridiculizados por la máquina roja
España 5-0 Bélgica
David Jorquera - La Crónica David Jorquera - La Crónica

Paseo, baño, recital...tantas eran las palabras que podían definir el partido de España que, abriendo cualquier página de la RAE, se encontraba alguna apropiada para darle nombre al festival de juego de los nuestros ante los belgas.

Como si de un partido de adultos contra niños se tratara, España saltó al césped con el cinturón de campeón de Europa en la cintura. Bélgica, ni por asomo el mejor de los aspirantes posibles, se encontró ante un rival cuya fuente de oxígeno se sustenta gracias a la posesión de la pelota. Con Xabi y Xavi en el corte y confección, además de Silva en el papel de mago (cuánto se le echó de menos en Sudáfrica), el festival de pases fue tan escandaloso como vergonzante para los belgas.

Ficha técnica:

5 - España: Iker Casillas, Arbeloa (Albiol, 82), Puyol, Piqué, Capdevila, Busquets, Xabi Alonso, Xavi (Cesc, m.70), Silva, Villa y Fernando Torres (Riera, m.67).

0 - Bélgica: Gillet; Vanden Borre, Van Buyten, Vermaelen, Vertonghen (Deschacht, m.29); Defour, Simons, Fellaini, Dembelé; Hazard (Mirallas, m.58) y Sonck (Decamargo, m.70).

Goles: 1-0, m.41: Silva. 2-0, m.49: Villa. 3-0, m.50: Piqué. 4-0, m.67: Silva. 5-0, m.85: Villa.

Árbitro: Bertrand Layec (FRA). Mostró cartulinas amarillas a Busquets (23) y Puyol (79) por España, y a Vermaelen (10) y Fellaini (43) por Bélgica.

Incidencias: encuentro correspondiente a la fase de clasificación del Grupo 5 al Mundial 2010, disputado en el estadio Riazor ante la presencia de 33.000 aficionados. Los capitanes Iker Casillas y Daniel Van Buyten leyeron un comunicado por el juego limpio. Presidieron el partido junto a Angel María Villar, presidente de la RFEF, el Secretario de Estado para el deporte, Jaime Lissavetzky, el presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, Presidente de la Xunta Alberto Núñez Feijóo y el alcalde de Coruña Javier Losada.

A pesar de que tanto Villa como Torres no comenzaron especialmente atinados de cara a puerta, la gente que pobló las gradas de Riazor se lo pasó mejor que con una película de Santiago Segura en su papel de Torrente. Es más, el asturiano se permitió el lujo de fallar un penalti que él mismo provocó tras hacer del apellido de su oponente, el belga Van den Borre, una burrada de falta dentro del área. No condió el pánico. Esta España no se pone nerviosa ni con la más afilada de las navajas sobre el mentón.

TRIANGULACIÓN DE LIBRO PARA ABRIR LA LATA

El festival de movimientos de los nuestros tenía que tener su premio. Y lo tuvo. Fue Silva, el mejor jugador del partido, y uno de los tres mejores jugadores de nuestro país, el que trazó una de sus endiabladas diagonales para hacer bueno un pase made in Laudrup de Villa, y rematar con la fiereza de un león y la precisión de un francotirador a la, hasta ese momento, inmaculada red de la portería del país con el mejor chocolate de Europa.

Precisamente como si de hacer chocolate se tratara, el inicio de la segunda parte de los de Del Bosque fue para chuparse los dedos. David Villa agarró la pelota en la frontal, y tras bailar con la cintura a la defensa belga, impregnó de cacao el esférico para depositarlo junto al palo de la meta belga. Era el segundo, y el choque estaba más que sentenciado. De Bélgica no había noticias y las que protagonizaban era para recoger la pelota de su propia red. Una gran jugada colectiva de España dio con los huesos de Piqué en el área, y emulando a Villa y Torres firmó el tercero. El paseo de España era en carroza y caballo. Un escándalo.

MÁS DE SILVA

Aunque si hablamos de escándalos hay que nombrar a David Silva. El canario destapó el tarro de las esencias y demostró que es un jugador imprescindible en nuestro país. En largo, en corto, en velocidad, al pie o al espacio. Y siempre bien o muy bien. Para redondear su actuación, acarició con un mimo acaramelado la pelota, y dibujó su segundo tanto de la noche con una estela definitoria de lo que es: un pelotero que marca diferencias. Florentino debería tomar nota de cara al año que viene.

La mejor definición de este equipo llegó en el quinto tanto del partido. Cesc, con todo a favor para marcar su golito, prefirió regalarle el quinto, el que cerraba la manita, a David Villa a portería vacía. Exhibición, gran fútbol, una manita y ¡qué tiemble Sudáfrica!

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