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Alves: "Soy un enfermo del fútbol"

  • EFE entrevista al lateral brasileño del Barça
EFE EFE

En tiempos de saturación futbolística y de calendarios duplicados, el Barcelona acaba de incorporar a un apasionado del juego. Es Daniel Alves, brasileño, 25 años, "más que un jugador, un enfermo del fútbol", todo ambición en sus primeros días como integrante de un equipo por el que ha apostado fuerte. También apostó fuerte el Barcelona, que ha desembolsado 29,5 millones de euros por contratar al lateral más versátil del mundo, un defensa con vocación de delantero.

"Pero en contra de lo que piensa la gente, a mí siempre me ha encantado jugar de lateral. He jugado de delantero, de extremo, de media punta. Pero yo siempre quise ser lateral por Cafú, mi referencia. Otros niños se fijaban en Rivaldo, Ronaldo o Romario. Yo, en Cafú", explica el brasileño. Su aterrizaje en el Camp Nou trae consigo un par de incógnitas: ¿será capaz Alves de encadenar varias temporadas de éxito y de romper con la imagen del brasileño que acaba peleado con el club? ¿Y será capaz el equipo de regenerarse después de la era Rijkaard?

Para Alves, la clave es la ambición, la pasión por el juego. "Cuando crees que todo está hecho, te equivocas. Si eres bueno, tienes que trabajar para ser mejor. Si ganas la Champions, has de esforzarte el doble para volver a ganarla. Y si no, el triple".

Está escrito en el libro genético de Alves: su padre fue futbolista aficionado y organizaba torneos infantiles. "Quiso que uno de sus hijos fuese profesional. Con mi hermano mayor no pudo ser, por las lesiones. Yo he tenido ese privilegio", desvela. Alves se define como "ambicioso" y "apasionado" del balón. "Soy más que un jugador; soy un enfermo del fútbol. No sé si lo vivo más que nadie, pero sí de una manera diferente a los demás. A veces me peleo con la familia porque siempre veo fútbol por televisión. En la tele del Sevilla, si repetían un partido tres veces, yo lo veía tres veces. Veo a unos niños jugando en la calle y me quedo a verlos. A veces, jugando con mis críos, se me va un ojo a la tele si están dando un partido. Es imposible que deje de amar el fútbol".

Incluso más allá de su retirada. "¿Entrenador? No, cuando deje del fútbol, espero que dentro de muchos años, seré simplemente, un aficionado. Veré partidos de todas las Ligas. Allá donde haya fútbol, estará Dani Alves", explica. Recién llegado al Barcelona, con apenas tres partidos amistosos como referencia, Alves aún vive deslumbrado por "la mentalidad del vestuario" y las "ganas que tenemos de hacer algo grande".

"Me encanta la sensación que transmite el grupo, la ambición por volver a ganar títulos. Si seguimos así, este equipo puede ser imparable, espectacular", bajo el mando de Josep Guardiola. "El míster es el equipo. Todo viene de él. Vive el fútbol, ha sido jugador. Habla mucho, razona, da consejos importantes. Conoce el fútbol, y eso es una ventaja".

Y junto a Alves, unos metros más allá, por la banda derecha, Leo Messi. "En el fútbol hay dioses del fútbol y jugadores. Y jugar con dioses es muy fácil. Este niño es un dios del fútbol. Si mantiene las ganas y la mentalidad que tiene, será un histórico. Sabes lo que va a hacer, pero es tan listo que no lo puedes parar". A punto de comenzar la etapa más ilusionante de su carrera, Alves tiene unos minutos para repasar su currículum deportivo. Jugador "de escuela, más que de calle", el lateral brasileño cree que para destacar en Brasil, "el país del fútbol", sólo existe una receta. "Sacrificarse, dejar algunas cosas de lado. Ser persistente, no desistir jamás. Se pasan dificultades, pero los ganadores llegan".

De Juazeiro a Bahía, donde pasó una temporada y media como profesional antes de cumplir uno de sus grandes objetivos, cruzar el charco. "La gran meta de mi generación era Europa. Habíamos venido a Francia y España y nos quedamos maravillados con los estadios". Cuando le reclamó el Sevilla, no lo dudó. "El tema salió un viernes y el lunes ya estaba en España", recuerda.

Tardó en acoplarse al Sevilla. Pensó incluso en abandonar, regresar a Brasil. "Cuando no iba convocado le daba vueltas a la cabeza. ¿Qué hago yo aquí?, me decía. Pero después de ganar el Mundial sub-20 con la selección, todo fue más fácil". Hace un año, Alves se convirtió en un jugador en rebeldía. Se negó a participar en la previa de la Champions para forzar su traspaso al Chelsea. "Fue un calentón. Me enfadé mucho, pero después lo comprendí porque necesitábamos un equipo fuerte. He intentado mantener el nivel y el club me prometió que me traspasaría al año siguiente. Y gracias a Dios, llegó el Barcelona".

Una vez más, la decisión estaba clara. "Elegí el Barça por su forma de juego, porque encaja con lo que me gusta, por la ilusión, los cambios, las nuevas apuestas, los retos y la mentalidad". Como buen brasileño, su objetivo se desdobla. La selección nunca deja de latir. "Si yo no hubiese llegado a la selección, no me consideraría un jugador de fútbol. Mi familia me decía que no, que ya era un jugador importante". En 2007, Brasil ganó la Copa América y Alves marcó en la final, "algo que está por encima de cualquier otra cosa"
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