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22 de junio de 2008

Rubén Cañizares Rubén Cañizares

Hoy finaliza el que posiblemente haya sido el mejor año del deporte español en toda su historia. 2008 ha estado lleno de logros y éxitos en tenis, ciclismo, fútbol, baloncesto y muchas más especialidades deportivas con un gran representación en los JJ.OO. de Pekín. Pero a la hora de elegir, echo la vista al pasado y me quedo con una fecha: el 22 de junio. Hace unos días, Cuatro, canal encargado de cubrir la Euro 2008, emitió un especial sobre el Campeonato de Europa de selecciones que tuvo lugar el pasado mes de junio en Austria y Suiza, con un protagonista claro: la selección española. Hora y media de programa donde se podía revivir de nuevo aquellos mágicos momentos que ya están en la historia del fútbol español. Tras 44 años, España ganaba otro gran campeonato internacional. Era su segunda Eurocopa, tras la de 1964. El 29 de junio de 2008, en Viena, la roja de Aragonés derrotaba a Alemania por 1-0 con un tanto de Torres y se coronaba rey del viejo continente. Pero aquella maravillosa fecha la tengo en mi memoria un pelín por debajo de la del 22 de junio. España-Italia. Cuartos de final. Prórroga. Tanda de penaltis. Y por fin, fuera complejos. Tantos años mendigando tenían su recompensa aquella noche de verano. Italia, a su casa. España, a semifinales. La maldición de los cuartos ya era historia.


Y es que viendo ese especial de Cuatro (magnífica su cobertura de la Eurocopa) te das cuenta que aún se te ponen los pelos de punta con la tanda de penaltis más felices que mi existencia vital recuerde. Ese pedazo de selección, con dos laterales que subían y bajaban sin descanso: Ramos-Capdevilla; una pareja de centrales: Puyol-Marchena, perfecta todo el torneo. Un mediocentro, Senna, que era el pulmón de todo el equipo; con tres magos bajitos del balón como Xavi, Iniesta y Silva; y dos grandes delanteros, rápidos y con gol, mucho gol como Villa y Torres, estaban capitaneados por uno de los mejores porteros del mundo: Íker Casillas. Y fue precisamente el guardameta blanco el gran protagonista de aquel 22 de junio.


Durante los 120 minutos, el de Móstoles ya hizo de las suyas con dos paradas prodigiosas. La primera, a un chut a bocajarro a Camoranesi mediada la segunda parte, en un momento clave del partido. Y en la primera parte de la prórroga despejó a corner un enorme testarazo de Di Natale que marchaba a la escuadra. Pero sería en la tanda de penaltis cuando Íker quedaría canonizado. Paró dos penaltis claves: el segundo, a De Rossi, poniendo a España con ventaja ya desde el inicio. Y el cuarto a Di Natale, justo después del fallo de Güiza, evitando que una Italia con una rodilla en el suelo, pudiese levantarse. Después, ya saben, un buen penalti de Cesc selló el pase de la selección y la eliminación de Italia.


Aquel partido, aquella prórroga y aquella tanda de penaltis tuvo más audiencia que la propia final. Ese triunfo ante la campeona del mundo borró de un plumazo unos fantasmas que cada dos veranos dejaban a este país en una profunda sensación de tristeza e impotencia. Cierto que quizás, si ese campeonato no hubiese culminado con el título, aquella fascinante victoria en cuartos no hubiese adquirido la relevancia que tuvo y que tendrá siempre. Pero por suerte, ese bonito cuento que comenzó en Innsbruck el 10 de junio tuvo el mejor final el 29 de dicho mes. Y en esas tres semanas, me quedo con el domingo 22 de junio de 2008. Para mí, el momento más emocionante, conmovedor y bonito del año deportivo y de los últimos tiempos del deporte español.

Por cierto, en dicho especial de la Eurocopa se ve a un inmenso Rubén de la Red en el tercer partido de la primera fase marcándose un encuentro espectacular ante Grecia con golazo incluido. Ahora que pasa por su peor momento como profesional debito a un ¿grave? problema de salud, desearle lo mejor para el año que está a punto de entrar. Y por supuesto, ¡Feliz 2009 a todos nuestros lectores!

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