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A cada crítica responde con un fichaje

Alejandro Alcázar Alejandro Alcázar

El Madrid ha roto el mercado. Y lo ha hecho para volver a estar arriba, porque estaba debajo de los de arriba. Y la culpa es de Florentino Pérez, que si sigue así va a acabar vendiendo más camisetas con su nombre que, con perdón, Michel Salgado.

Me decía un amigo madridista que cada vez le cae mejor Florentino “porque cada vez que alguien le critica, va y ficha a otro”. Evidentemente se refería a los envidiosos, a los que buscan protagonismo o a los que se quieren hacer notar sin ser nadie, como esa dirigente del Barcelona que se promociona a base de decir una tontería detrás de la otra.

Es cierto que Florentino está poniendo mucha, pero que mucha pasta encima de la mesa. Me niego, de momento, a enjuiciar si es o no un acierto. Sólo el tiempo nos traerá la respuesta. El riesgo es, evidentemente, doble. Por un lado, que recupere la inversión y dispare el presupuesto del club. En esto Florentino es un mago que provoca envidias y cascadas de personajes diciendo bobadas. Aunque no falta el que hace análisis desde la sensatez, haciendo ver los pros y los contras de la apuesta.

Y la segunda es la deportiva. Ahí fue donde Florentino se la pegó en su primera etapa. Cuatro años prometedores y la deserción de Valdano le llevó a la desorientación y posterior renuncia. Espero que Florentino haya pedido compromiso, implicación y continuidad a Valdano. Creo que los dos juntos funcionan, porque cada cual sabe de su campo y asesora en el otro.

La apuesta deportiva vuelve a ser faraónica. Pinta bien, aunque estoy de acuerdo con Del Bosque en que los jugadores hacen equipo y que el equipo es el que gana los partidos. Ahí entra Pellegrini, el Del Bosque de la primera etapa de Florentino. Mientras el chileno tenga plenos poderes sin que nadie le haga las alineaciones en una servilleta o reparta divisiones con carantoñas que dividan, tendrá el campo allanado.

No quiero decir con esto que Florentino o Valdano no puedan cambiar impresiones sobre lo que ellos piensen sea su mejor once. No. Y tampoco que no hablen con ciertos jugadores. No. Me refiero a que las alineaciones y los niños mimados lo aprovechen para esconderse tras las faldas del presidente o el director general, y que sólo harían que cuestionar la autoridad y el criterio del entrenador.

Así que si cada cual ocupa su puesto y sabe utilizar su libertad y poder hasta donde empieza el de los demás, el proyecto funcionará. Y, la verdad, promete.

 

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