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El Show no debe continuar

  • El Madrid ha cambiado su estilo dentro del terreno de juego y debe plantearse que ese cambio se extienda al exterior
Felipe de Luis - La Opinión
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Queen abogaba por todo lo contrario, pero en el Real Madrid se antoja necesario un profundo cambio. El equipo ya ha dado visos de mejora, de evolución dentro del terreno de juego y es fundamental que Mourinho comprenda que su papel tiene como objetivo ayudar al equipo. Su afán de protagonismo es nocivo para los intereses del Real Madrid, máxime cuando los jugadores han demostrado ser mejores que el rival, cuando ya no hay nada que esconder.

Las virtudes de mando del portugués son innumerables y nadie las pondría en duda. Mourinho ha sabido demostrar sus capacidades para lavar la imagen de su equipo y desquitarse de la fama impuesta por otros. Forjado en el arte de defender, el portugués siempre ha ejercido de escudo humano para sus jugadores. Mitad actor, mitad héroe, en los episodios en los que el Real Madrid hacía gala de una paupérrima actuación, Mourinho salía a la palestra para que las balas tomaran otra dirección.

Lo vimos en la temporada pasada con actuaciones estelares, como la de la famosa libreta llena de errores arbitrales. El equipo no cuajó un buen partido ante el Sevilla y solamente se habló del papelito en cuestión durante la semana. El sacrificio siempre mereció la pena, ya que las críticas a sus jugadores se quedaban en el limbo y él se apropiaba de insultos e improperios varios. No le importaba.

Mientras, Mou trabajó a destajo para conseguir que la evolución en el terreno de juego también fuera un hecho. Escalar la montaña llamada Barcelona nunca fue una tarea sencilla. Es más, en muchas ocasiones dio la sensación de ser imposible. Pero lejos de amilanarse ante las adversidades, Mourinho tomó buena nota del serio correctivo infringido en el Camp Nou en la temporada pasada y convenció a los suyos de que otro desenlace era factible. Lo intentó de todas las maneras (chamanismo incluido) y lo consiguió en la Copa del Rey.

Las armas, las que ya todos conocemos: presión e intensidad física. El equipo era consciente de sus limitaciones. El mensaje era tan claro como desalentador: sólo así se pondría al eterno rival entre la espada y la pared. En la Supercopa, la situación ha virado de forma considerable. Las principales bazas blancas se mantienen, pero se ha unido algo indispensable para crecer: la posesión.

Los roles entre Barcelona y Real Madrid se han intercambiado en gran medida. Ya no hay un equipo que espera al otro y de haberlo, viste de azulgrana. Por primera vez en mucho tiempo, ya no hay nada que ocultar. El Real Madrid ha jugado mejor al fútbol que el supuesto mejor equipo del mundo. Y eso es mucho decir. Aún así, ahora únicamente se habla del dedo del portugués y de los problemas oculares de Tito Vilanova.

En momentos como éste, quizás lo mejor sea que el show de Mou baje el telón, al menos por un tiempo. El Real Madrid tiene que ser el protagonista, sobre todo en los momentos de bonanza. Que nadie lo olvide.

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