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Tiro al blanco

  • "Cuando más pendiente esté el club de lo malo que se dice de él, más daño se hará"
Jaime de Carlos - La Opinión
Jaime de Carlos - La Opinión Jaime de Carlos - La Opinión

Lo que pueden cambiar las cosas en 90 minutos. Basta un partido para hundir todo el buen trabajo de los tres meses anteriores. Una labor excepcional, 15 triunfos consecutivos haciendo el mejor juego que se ha visto en este tiempo en España. Bien es cierto que se falló justo cuando no se debía. Aunque sí se podía enmendar, porque perder contra el Barcelona no ha sido tan decisivo como si el conjunto catalán hubiera sido el derrotado. La Liga se ha compromido, se ha igualado, pero el Madrid sigue teniéndola en su tejado. Lo único realmente negativo es que el encuentro ha tenido y tendrá secuelas, tanto a nivel interno como externo.

Tras el partido se ha apreciado un fenómeno que no deja de sorprenderme por su inmediatez y, por qué no decirlo, injusticia. La derrota clara y merecida ante el F.C. Barcelona ha servido de acicate para que la prensa declaramente antimadridista e incluso la generalista (en algunos casos) se haya lanzado al cuello de Mourinho, Cristiano Ronaldo y todo lo que represente al club blanco. Los dos portugueses y, por extensión, el Real Madrid, han sido el cruel objetivo de los medios que estaban deseosos de aprovechar la más mínima evidencia de debilidad para criticarlos sin piedad.

Cristiano Ronaldo ha sido el ejemplo más claro de ello. El crack madridista jugó muy mal el sábado. Y demostró estar ansioso, nervioso, haber sido superado por la presión. Algo que le acostumbra a pasar cuando juega contra el Barcelona. Es más que evidente que, cuando se enfrenta a ellos, su rendimiento baja de manera alarmante. No hay más que mirar los datos. El de Madeira se acerca a un promedio de gol por partido desde que está en el Real Madrid y, ante los azulgranas, solo ha marcado dos en ocho encuentros, uno de penalti. Así que, algo falla, evidentemente.

Sin embargo, lejos de ser justos y achacarlo a problemas de ansiedad derivados de su sobre-motivación, la tendencia es acusarle de no rendir en las grandes citas. Olvidando que él fue el que le marcó el gol que le dio la Copa del Rey al Madrid ante el propio Barcelona, superando entonces sus  errores y nervios previos. Obviando quién le marcó el primer gol a Bosnia con Portugal en la reciente repesca de la Eurocopa. Minusvalorando su tanto al Chelsea en la final de la Champions de 2008, que, a la postre, sería clave para que el Manchester ganara el torneo. Prescindiendo de su golazo desde 40 metros al Oporto en los cuartos de final de la Liga de Campeones que valió el pase a la siguiente ronda para los ingleses. O no queriendo acordarse de que, en marzo de 2010, fue él el jugador que marcó el único gol del Madrid en la funesta eliminatoria ante el Olympique de Lyon.

Por lo que parece, para muchos, esos no son partidos claves. No les importa que esos días Cristiano Ronaldo fuera el mejor de su equipo. Con su bloqueo ante el Barcelona basta para intentar hundirle en la miseria, llegando incluso a emplear la mentira sin tener ni siquiera el valor de reconocer que, con datos en la mano, es uno de los mayores goleadores de la historia del fútbol mundial. Sin admitir que es un jugador extraordinario, que tiene unas condiciones únicas y que es tan excepcional que solo una de sus virtudes podía ser su gran talón de Aquiles. Su inmensa ambición.

 

Su problema, como el del Madrid, me parece más que evidente. Hay una cuestión mental. Llamémoslo complejo de inferioridad. Algunos incluso se atrevían a decir que a este equipo le está empezando a pasar lo mismo que al Atlético de Madrid con el propio Real Madrid. Un problema psicológico derivado de la presión extrema, de saberse examinados y evaluados únicamente por lo que suceda ante los azulgranas. Y digo esto porque el sábado el Real Madrid no jugó como sabe ni debía. El Barça sí lo hizo, aunque podría haberlo hecho todavía mejor. Mientras los de Guardiola pusieron sobre la mesa los puntos que definen su doctrina, los de Mourinho eran solo una caricatura ridícula de sí mismos.

Me niego a pensar que las diferencias entre el Barcelona y el Madrid sean tan grandes a estas alturas. El catalán puede que sea mejor técnicamente, que tenga mejores centrocampistas. Pero los dos equipos están a la misma altura, siempre y cuando estén a su máximo nivel. Y los blancos no lo estuvieron el sábado. Estas diferencias se pueden minimizar desde el trabajo como equipo, desde una presión que deben desarrollar los 10 jugadores del campo. Y esto es algo que en el clásico solo hicieron cuatro, cinco jugadores. El resto no trabajó en la recuperación como se necesitaba, como se hizo a la perfección en la final de la Copa del Rey.

Ya dije en mi artículo anterior al partido que, para ganar, el Madrid necesitaba seis palabras: Intensidad, presión, recuperación, velocidad, remate y precisión. Pues bien, el equipo solo fue intenso y tuvo algo de remate. El resto no las utilizó, o las aplicó mal. La cuestión es que estos términos forman parte de la personalidad de este Madrid. Están a mano. Así que ahora la misión es encontrar la forma de que los nervios, la presión y la ansiedad permitan utilizarlos. Y para ello, el equipo debe abstraerse de toda esa contaminación que llega desde el exterior, desde la prensa antimadridista, sea culé o supuestamente imparcial. Cuando más pendiente esté el club de lo malo que se dice de él, más daño se hará. Porque esto significará cargarse la mochila de la culpabilidad, de complejos, permitiendo que su peso no deje que las piernas respondan. Así que vaciémosla.

 

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