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Esta relación empieza a marchar

  • "Ni ofreciéndole la Bota de Oro al estadio, el Bernabéu se volcó tanto con CR7 como tras ese segundo gol al Zaragoza"
David Jorquera - La Opinión
David Jorquera - La Opinión David Jorquera - La Opinión

Posiblemente Cristiano Ronaldo vivió su mejor noche como madridista el pasado sábado en el Santiago Bernabéu. Y fíjense si pongo alto el listón después de que él le diera al Real Madrid la Copa del Rey en Valencia o de que marcara 40 goles el año pasado con la casaca merengue ¿Por qué hago tal afirmación? Sencillo. Creo que desde que el portugués lleva pisando el Santiago Bernabéu los últimos dos años y medio jamás se le había visto tan feliz sobre el césped, y eso se palpa hasta en detalles mínimos.

Pondré dos ejemplos. El primero, la subida al autobús el día previo al partido con el Zaragoza. Cristiano, con una sonrisa de oreja a oreja, saludó a la gente. Jamás se le había visto tan risueño. Sí es de los que saludaba, pero más frío. El otro día fue más caluroso, primer síntoma. El segundo ejemplo, en el que probablemente muy poca gente reparó, fue el calentamiento de Cristiano ante el Zaragoza. Su forma de saludar a la gente en las primeras carreras de calentamiento se solía limitar a un tímido gesto con la mano. El pasado sábado, sin embargo, Cristiano aplaudió al público de cada lateral del Bernabéu hasta en cuatro ocasiones consecutivas, algo nada habitual en él. Digo esto porque me gusta fijarme en cómo afronta CR7 su relación con el madridismo, especialmente el del Bernabéu, y me llamó mucho la atención ese cambio, ese acercamiento para con la gente. Y eso sólo podía resultar positivo, tanto para el jugador como para el aficionado.

No sé si fue premonición pero, casualmente, el día en el que se vio a un Cristiano más cercano, también se vio a un Bernabéu más cariñoso con él. Es obvio que los dos se han entendido. El portugués se ha dado cuenta que Chamartín premia igual un gran gol que tirarse al suelo a recuperar una pelota. Será justo o injusto, pero es así. Lo que antes era un Cristiano que se descolgaba de la parcela defensiva, ahora es un jugador que muerde en cuanto pierde la pelota. Eso el público lo ve y lo agradece. De hecho, el ‘Ronaldo, Ronaldo’ que se escuchó tras el gol ante el Zaragoza no fue por marcarle el 2-1 a los maños, sino que fue la forma de reconocerle esa transformación a su estrella. Fue una forma de decirle gracias, pero no sólo por el gol, sino por el esfuerzo y la labor de equipo realizada. Incluso, por ser de lo mejor del Real Madrid en el partido del Camp Nou. Ni ofreciéndole la Bota de Oro al estadio, el Bernabéu se volcó tanto con CR7 como tras ese segundo gol al Zaragoza. Fue un premio merecido para un jugador que cada vez que juega fuera de casa lo pasa mal, por eso la gente tiene que darse cuenta de que hay que darle cariño en su hogar. Lo que sucedió el día del Zaragoza no debe ser flor de un día, sino el comienzo de una bonita y hermosa amistad.

 

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