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Tres puntos de oro

  • Mal partido, pero el año acaba con una victoria
Mal partido, pero el año acaba con una victoria
Eduardo Torrico Eduardo Torrico

Tres puntos de oro... y nada más. El Real Madrid está roto en todos los aspectos, pero especialmente en el físico. A este equipo, ganador de las dos últimas Ligas, se le ha olvidado lo que es jugar al fútbol. No se le puede poner ningún paño caliente. Ni la violencia con la que se empleó el Valencia ni la lamentable actuación del árbitro han de servir para tapar la situación por la que atraviesan los blancos, que, por lo menos, despiden el año con una victoria y ponen punto final a la aciaga racha de diciembre. Ramírez Domínguez debió expulsar a Del Horno y Albiol y, sobre todo, debió expulsar al karateca Marchena bastante antes de atreverse a tomar la decisión de mandarlo a los vestuarios. Pero lo que preocupa no es eso, sino lo mal que está el Madrid.

A los locales se les ponía todo de cara bien pronto, porque no habían pasado ni tres minutos cuando Robben burlaba a Del Horno y Mata, pasaba atrás e Higuaín soltaba un zurdazo que se colaba por la escuadra. A partir de ahí, los blancos encontraron un pasillo franco para llegar una y otra vez a la portería de Renan. Van der Vaart pudo dar la puntilla al Valencia justo al cuarto de hora, pero su disparo, con Renan de mero espectador, se estrelló en el poste derecho. Sin embargo, lo que parecía que iba a ser un cómodo paseo para los locales empezó a tomar un rumbo torcido pocos minutos después, en parte debido a las equivocaciones del árbitro. En el minuto 21, Robben se quedaba solo delante de Renan, y Del Horno, sin posibilidad de jugar el balón, lo derribaba al borde del área. Era tarjeta roja por la violencia de la acción, por ser una entrada por detrás y porque el holandés era el último jugador, pero Ramírez Domínguez consideró que con sacar la tarjeta amarilla al vasco era más que suficiente. Apenas un minuto después, Marchena derribaba a Cannavaro dentro del área, pero el árbitro tampoco quiso pitar el penalti.

Desquiciados

Aquella sensación de impunidad de que gozaba era lo que necesitaba el Valencia para rearmarse. Con el Madrid desquiciado, Villa y Joaquín empezaron a hacer de las suyas. Pero cuando no era Villa el que fallaba clamorosamente, era Casillas el que conjuraba el peligro. Mientras tanto, Marchena sembraba el terror con sus marrullerías, ante el beneplácito arbitral. Primero agredía a Míchel Salgado en el área madridista (minuto 34, agarrón de full-contact en pleno cuello) y luego, ya con una tarjeta amarilla en su haber, apenas iniciado el segundo tiempo, Ramírez Domínguez le volvía a perdonar la expulsión (entrada por detrás a Raúl en la línea de medios, junto a la lateral). El Madrid se deshilachaba, pero Casillas volvía a ser el ángel guardián de las mejores ocasiones: primero detenía junto al poste un disparo envenenado de Villa (51') y luego, con la ayuda del  mismo poste, evitaba que un cabezazo de Baraja se convirtiera en el empate (56'). En esos momentos, el Madrid se resignaba a defenderse y a buscar el contragolpe. En uno de ellos, pudo matar el Madrid el partido, pero Guti se embolicó y dejó que le quitaran el balón cuando tenía a Robben a su lado, justo para empujar el balón al fondo de la portería. Una extraña sensación de que los elementos estaban en contra de los blancos recorría el Bernabéu. Porque en el minuto 59, en un saque de esquina, Higuaín controlaba el balón con el pecho, pero su derechazo, con el interior del pie, se iba fuera fuera tras tocar en el larguero

Marchena seguía repartiendo estopa, si bien Ramírez Domínguez entendió que ya no le podía seguir perdonando por mucho más tiempo la expulsión y, no sin ciertos reparos, le sacó la segunda tarjeta amarilla por derribar a Robben con el brazo (67'). El Valencia debió de pensar que estaba en la guerra de Corea en lugar de en el Bernabéu, pues seguía masacrando a su rival. Dos minutos después de la expulsión de Marchena, el árbitro le perdonó la expulsión a Albiol, que le había abierto de un codazo la cabeza a Palanca (hacía pocos minutos que el canterano había entrado en sustitución de Van der Vaart, lesionado). En superioridad numérica, el Madrid tomó aire y las ocasiones de gol se fueron sucediendo en el área del Valencia, pero no era la noche de Higuaín, que fallaba hasta tres goles cantados para desesperación de sus compañeros y del público. Hundido físicamente y sin ningún orden táctico, el Madrid cedió de forma lamentable la iniciativa al Valencia, que puso cerco al marco de Casillas en los últimos minutos. Primero Guti y, acto seguido, Higuaín, bajo palos, evitaron un empate que a esas alturas ya no habría sorprendido a nadie. Y que tampoco nadie habría considerado injusto.


Ficha técnica:

Real Madrid: Casillas; Míchel, Cannavaro, Metzelder, Marcelo (Torres, 72'); Robben, Gago, Guti, Drenthe (Raúl, 46'); Van der Vaart (Palanca, 56') e Higuaín.

Valencia: Renan; Miguel, Albiol, Marchena, Del Horno (Maduro, 62'); Joaquín, Baraja (Silva, 62'), Albelda, Fernandes, Mata (Vicente, 75'); y Villa.

Gol: 1-0 Higuaín (3')

Árbitro: Ramírez Domínguez (Colegio Andaluz). Expulsó a Marchena (67') por doble amonestación. Sacó tarjeta amarilla a Del Horno (21'), Míchel (27'), Marcelo (31'), Robben (83') y Palanca (87').

Incidencias: Estadio Santiago Bernabéu, 70.000 espectadores. En ausencia de Ramón Calderón, de viaje en Japón, presidió el partido Vicente Boluda, vicepresidente del Real Madrid.

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