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El 'Madrid de los suplentes' goleó con facilidad al Athletic

  • Dos goles de penalti de Kaká y uno de Cristiano sentenciaron al Athletic (0-3). El Madrid fue muy superior y mereció la victoria.
Athletic 0-3 Real Madrid
David Jorquera - La Crónica David Jorquera - La Crónica

Ponerse el calzón, las medias y la camiseta de equipo visitante en San Mamés implica bajar al fango. Mourinho, que sabía a lo que iba al estadio vasco, puso un equipo aguerrido. Peleón aunque no exento de calidad. Pepe fue el hombre escoba que todo lo recogía: por arriba, por abajo, con falta, sin falta y distribuyendo dentro de sus características. Un equipo adaptado a las circunstancias pero con la genialidad arriba del mejor Kaká de la temporada, Di María y de Higuaín, que volvió a sentirse titular.

El Athletic comenzó duro. Toquero cogió la bandera de las faltas y pronto se llevó la primera tarjeta del partido. Poco después se pudo haber llevado la segunda pero Clos Gómez, en vísperas de la Semana Santa, le dio el perdón.

El que no perdonó en la primera opción que tuvo fue el Madrid. Di María sacó su mejor arma a pasear, la velocidad, y al estilo correcaminos le tomó ventaja a Gorka Iraizoz en un balón dividido que acabó dando con los huesos del argentino en la hierba. Penalti tan gordo como claro. Hasta para Clos Gómez. Con los especialistas en el banquillo la papeleta de anotar la pena máxima recayó en Kaká. El brasileño no se puso nervioso y clavó el balón en la red. Inicio perfecto. Mourinho encantado y el Madrid respondiendo con su nuevo planteamiento. El equipo B también funcionaba.

Ficha Técnica:

Athletic 0: Iraizoz, Xavi Castillo, San José, Iraola, Orbaíz, Javi Martínez, Gurpegi, Muniaín, Toquero y Llorente.

Real Madrid 3: Casillas; Ramos, Garay, Albiol, Pepe, Arbeloa; Lass, Granero; Kaka, Di María, Higuaín.

Goles: 0-1 Kaká (12’), 0-2 Kaká (53’), 0-3 Cristiano Ronaldo (70’)

Árbitro: Clos Gómez. Amonestó a Gurpegui, Iraizoz, Granero, Ramos, Lass, Casillas, Javi Martínez, Arbeloa

Estadio: San Mamés. Lleno total. 43.000 espectadores.

Y pudo haberlo hecho aún mejor si Higuaín no hubiera tenido la escopeta en el dique seco tanto tiempo. El argentino le pesaron los meses de inactividad en una contra en la que tomó el caballo del malo a la hora de encarar a Iraizoz. Falló el mano a mano. Pero las noticias eran buenas. El Madrid no sufría y Kaká se encontraba mejor que nunca. Mourinho sonreía.

Y más lo hizo cuando vio que los mismos protagonistas del primer gol madridista volvieron a serlo en el segundo. Di María se encontró una pelota en el área y sólo tenía dos recursos, lanzar o amagar. Hizo lo segundo. Castillo, que fue el que sufrió el amago del argentino hizo honor a su apellido con una falta al extremo blanco. Penalti. Kaká no se lo pensó y volvió a apropiarse del balón. Esta vez el tiro fue menos plástico pero igual de efectivo. 0-2 y el control del juego se trasladaba, con suficiencia, también al marcador.

El Madrid se veía ganador pero la Catedral no invitaba a la relajación y por eso Mourinho sacó su arma escondida: Cristiano Ronaldo. El portugués fue recibido como se esperaba, con pitos desde la grada y con caricia de Castillo, su marcador. A CR7 poco le importó. Tenía entre ceja y ceja volver a marcar en Liga. Y lo hizo. Al más puro estilo inglés, con desmarque hacia la izquierda, mandó a paseo a su marcador con un recorte y se encontró con la red de Gorka en un tiro ajustado. Un gran colofón de un habitual titular que confirmó que el plan B, cuando se le necesita, también sabe lo que significa la camiseta del Real Madrid.

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