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Esta guerra es muy larga

  • El Barcelona se llevó la victoria del Bernabéu e iguala a puntos al Madrid de Mourinho.
Real Madrid 1-3 Barcelona
David Jorquera - Santiago Bernabéu David Jorquera - Santiago Bernabéu

El Real Madrid perdió su imbatibilidad en el Bernabéu esta temporada tras caer por 1-3 ante el Barcelona. El partido empezó a pedir de boca para los de Mourinho, sin embargo, con el paso de los minutos los blancos se vinieron a bajo, lo que posibilitó que los visitantes se llevaran la victoria. Fernández Borbalán le perdonó la tarjeta roja a Messi cuando el partido todavía iba 1-1.

Bien es cierto que acudir al Bernabéu en los tiempos con la hora pegada implicaba estar cerca de perderse un gol. Lo de esta noche fue el récord de los récords. Con el Bernabéu hasta la bandera, nunca mejor dicho por los banderines que pintaban la grada del blanco más blanco, el Madrid salió a marcar el primero desde el inicio. Cuando se dice desde el inicio no es un tiempo verbal al azar, sino una verdad como un templo.

Veintidós segundos transcurrieron desde que el Barcelona sacó de centro y el Madrid se adelantó en el marcador. Podría parecer paradójico pero fue tal cual. Esos poco más de 20 segundos de presión de los de Mourinho le bastaron para que Valdés y su defensa se complicaran tan innecesariamente como ineficazmente. El gustazo se lo llevó el Madrid que con tiro de Özil y olfato para el rechace de Benzema se adelantaba en el marcador. Ese era el gol que Mourinho y sus hombres le pedían al Bernabéu. Y la gente respondió. Ahora le tocaba dar la cara al Barcelona.

Con su habitual estilo de toque, también porque el Madrid tuvo tramos en los que disminuyó su fuerza y adelantamiento en la presión, el Barcelona empezó a mover el balón. Casi sin peligro, salvo en un resbalón de Ramos que Casillas impidió que fuera gol de Messi porque se puso el disfraz de santo y apóstol. Un mano a mano de los quitan la respiración y del que salió vencedor el cancerbero blanco. Del que no pudo salvarse fue de un remate de Alexis varios minutos más tarde aprovechando que Xabi Alonso, maltratado por ese patético colegiado apellidado Borbalán, no pudo tumbar a Messi, que fue el que asistió para el gol del chileno. Volvían las tablas.

Eso sí, la sombra del arbitraje dudoso y la fácil rima del apellido del árbitro con la palabra catalán empezaron a calentar al personal. Tanto que poco antes del descanso, el señor Borbalán le perdonó a Messi la segunda amarilla y, por tanto la roja, por una falta más que evidente. Ahí podía haber cambiado el partido, pero Borbalán el catalán pasó del tema. O porque no lo vio, lo que indicaría su escasez de vista, o porque no quiso sacarle la tarjeta al jugador culé, peor reflexión aún.

Ficha Técnica

Real Madrid 1: Casillas, Coentrão, Pepe, Sergio Ramos, Marcelo, Xabi Alonso, Lass (Khedira62’), Di María (Higuaín 68’), Özil (Kaká 57’), Cristiano Ronaldo y Benzema

Barcelona 3: Valdés, Alves, Piqué, Puyol, Abidal, Busquets, Xavi, Iniesta (Pedro 86’), Cesc (Keita 78’), Messi y Alexis (Villa 83’)

Goles: 1-0 Benzema (1’), 1-1 Alexis (30’), 1-2 Xavi (53’), 1-3 Cesc (65’)

Árbitro: Fernández Borbalán. Amonestó a Xabi Alonso, Alexis, Messi, Piqué, Lass, Pepe, Ramos

Estadio: Santiago Bernabéu (82.000 espectadores)

Gracias al paso por los vestuarios parecía que la cosa se tranquilizaba por momentos. Sin embargo, poco tardó en volver a calentarse. El que se quemó con fuego esta vez fue el Madrid, al que la fortuna dio la espalda de forma maquiavélica. Un lanzamiento de Xavi que hubiera tenido como destino normal las manos de Casillas se envenenó tras tropezar en Marcelo. Un veneno que fue mortal, pues trasladó el balón poco a poco y a cámara lenta con destino a la red de Iker. Al Madrid le tocaba remar cuesta arriba.

La cuesta era empinada y complicada. No en vano, los blancos habían hecho un esfuerzo generoso en la presión que apenas había dado réditos. Y ahora el que tenía campo abierto para contragolpear era el Barcelona. Por tanto, peligro. Algo que quedó demostrado poco después con un balón centrado desde la derecha que cabeceó Cesc en el segundo palo para abrir la brecha. El mazazo ya era más duro.

A partir de ahí el Madrid lo intentó a ráfagas pero el balón no aguantaba en sus botas demasiado tiempo. Ahí estuvo una de las claves, ya que los blancos tuvieron menos balón del esperado y la presión duró lo que aguantaron los pulmones. Fue una batalla perdida pero esta guerra todavía es muy larga y el Madrid ahí es donde se crece.

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