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La solución pasa por Mourinho

  • El madridismo debe seguir apoyando al técnico de cara al futuro
El madridismo debe seguir apoyando al técnico de cara al futuro
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El madridismo tiene ahora mismo una espina clavada muy profundo. Un año y medio después de que llegara José Mourinho al club, el equipo merengue ve cómo no puede ganarle al Barcelona en la mayoría partidos que disputa contra ellos. El portugués no encuentra la tecla, tal y como reconoció el martes en rueda de prensa, aunque quizás los acontecimientos empiezan a mostrar que la situación es más compleja que una simple táctica para frenarlos.

Una vez acabado el partido ante el F.C. Barcelona de este miércoles un sector numeroso de la afición madridista se mostró enfadada con el entrenador. No les gustó el planteamiento realizado en el partido, pues optó por un defensivo 4-3-3 donde el trivote venía a sustituir a la creatividad. El objetivo era romper el juego de toque del Barcelona prescindiendo de la figura del mediapunta propia del esquema habitual, el 4-2-3-1. Así lo hizo en la final de la Copa del Rey en Mestalla y con resultado muy distinto, por cierto.

Pero la realidad es que, una vez más, el Madrid se dio de frente contra la pared. Quizás no se jugó mucho peor que en el 1-3 de Liga, pero entonces la táctica fue mucho más ofensiva. El planteamiento fue, a juzgar de muchos, rácano, y eso es difícil de perdonar. Perder contra el Barcelona y, además, hacerlo jugando mal y con un estilo defensivo es algo muy duro que cuesta de digerir y que llevó a las críticas inmediatas a Mourinho.

El portugués, hábil e inteligente como es, corrió a otorgarse la paternidad de la derrota. Así era, él era el principal responsable como entrenador y mánager general. Así que es lógico que surjan las críticas hacia el luso, pero no lo estanto el extremo al que llegan algunas. Porque sorprende que en solo 94 minutos de juego Mourinho pueda pasar de héroe o villano, olvidándose de lo que ha hecho por este club. Los cinco puntos de ventaja en Liga parece que poco importan, al igual que los 22 triunfos en los últimos 24 partidos (con solo dos derrotas ante el Barcelona).

Casi nadie se acuerda en estos momentos de que, con este entrenador, el Real Madrid ha empezado a ver la luz tras una década muy oscura para el club. De que la única final que han jugado a partido único los blancos y los culés la ganó el equipo de Mourinho. De que el portugués le ha quitado dos de los tres títulos que ha perdido Guardiola en estos tres años y medio. Tampoco parece influir el hecho de que el partido de este miércoles no fue ni mucho menos peor que el 2-6 con Juande Ramos o el 0-2 vivido con Pellegrini. Entonces el planteamiento quizás fue más abierto, pero la imagen fue también muy mala.

Posiblemente el problema esté en que, con lo que hay en plantilla, la opción directa es la de adoptar un estilo defensivo. Porque, más allá del mal juego, el partido se perdió por dos graves errores en defensa. Será un ejercicido de fútbol ficción, pero es probable que la historia no hubiera sido la misma si no hubiera fallado la marca a Puyol. Mourinho ya ha probado varias fórmulas para frenar al Barça y solo ha tenido resultados parciales en momentos concretos utilizando el trivote, la presión en campo rival y el juego rápido y fluido en los contragolpes. Porque lo de jugarle de tú a este Barcelona parece una utopía para cualquier rival, incluso para este Madrid.

Solo el mercado de fichajes en verano puede ampliar las miras y perspectivas al respecto del Real Madrid. Mientras tanto, Mourinho debe trabajar con la plantilla que ha confeccionado y debe ajustarla a los retos que tiene. El club le dio carta blanca para devolverle a la gloria y él está en el camino. De momento tiene un título en el bolsillo y en la Liga, por primera vez en cuatro años, el equipo blanco le discute seriamente la supremacía a los culés. En la Champions, las opciones están intactas. Las notas definitivas deben llegar al final de las temporadas, no tras algunos exámenes parciales. Así que esperemos y confiemos en él, porque hoy en día el club no puede tener mejor patrón que el portugués.

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