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El Madrid no fue cómplice de la fiesta del independentismo

  • Al final se cumplieron los presagios y el Calderón vivió un espectáculo lamentable
Al final se cumplieron los presagios y el Calderón vivió un espectáculo lamentable
Defensa Central Defensa Central

Con obras o sin ellas, este viernes por la noche quedó claro que el Real Madrid acertó de pleno al no aceptar que la final de la Copa del Rey se disputara en el Santiago Bernabéu. Y es que el encuentro, lejos de ser únicamente una fiesta del fútbol, se convirtió en el escenario improvisado en el que se le rindió un homenaje al independentismo catalán y vasco. Coincidiendo que el partido enfrentaba al Barcelona y el Athletic, las dos aficiones tomaron el Vicente Calderón y se dedicaron a darle un matiz político al choque.

 

 

No por previsibles los pitos avergonzaron menos. Fueron 27 segundos los que duró el himno, una versión corta que miles de personas no quisieron respetar. Lejos de callar por educación, un gran número de asistentes al encuentro silbó el símbolo nacional. Hubo incluso quienes se habían traído el silbato desde su casa. Con premeditación y alevosía. Jugar en Madrid les daba aún más morbo, así que la pitada fue bastante mayor que la vivida en Mestalla en 2009 con motivo del mismo encuentro entre ambos conjuntos. Para esto quería el Bernabéu, para faltarle el respeto a España en su capital, la cual les había recibido con los brazos abiertos.

Tampoco faltaron los insultos a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. El "Esperanza hija de..." se gritó en buen número durante todo el partido e incluso fue Trending Topic en España. Toda una vergüenza que demuestra que los que piden respeto para sus sentimientos independentista son incapaces de respetar los de los demás. Pero, a pesar de las burlas y de las vejaciones, el partido se jugó con normalidad. Barcelona y Athletic de Bilbao pelearon por la Copa del Rey de España y los culés fueron felices al llevarse el título (3-0) que, 90 minutos antes, numerosos de sus aficionados habían despreciado pitando el himno.

Pero ahí no había acabado la sarta de reinvindicaciones políticas. En la grada, centenares de esteladas e ikurriñas, prácticamente ninguna bandera española. Tantas que, Puyol y Xavi, dos de los capitanes de la selección campeona de Europa y del Mundo, pasearon el trofeo sobre el césped del Vicente Calderón con las banderas catalanas y vasca. Una foto para el homenaje del nacionalismo, con mensaje. Esta Copa era de ellos y no había lugar al rojo y gualda. La imagen hubiera sido magnífica, espectacular, si hubiera estado la bandera española junto a las otras dos. Un ejemplo de tolerancia y convivencia; de la magnífica pluralidad que tiene este país, a pesar de lo visto. Pero no fue así.

Y todo, como decimos, en el Vicente Calderón. Gracias a Cerezo y la directiva atlética, que se ofrecieron gustosos a albergar el encuentro. El presidente Sandro Rosell llegó a decir que "el Atlético de Madrid sí tiene señorío". Todo el que algunos culés y aficionados del Athletic demostraron que les faltaba. Las orillas del Manzanares vivieron un espectáculo abochornante para el país, que el Barcelona y el Athletic querían haber celebrado en el templo madridista. Pues se quedaron con las ganas, porque el Real Madrid no fue cómplice de esta fiesta del independentismo. Para jugar en el Bernabéu primero hay que respetar al que te hospeda y, mientras no sea así, que la alfombra la pongan otros.

 

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