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Un rato de Morata le sirve al Madrid

  • El canterano, que fue titular, anotó el 1-0 en el minuto tres de partido aprovechando un servicio de Özil. Ramos, que luego sería expulsado, puso el definitivo 2-0 en un remate de cabeza. El Rayo apenas inquietó.
Real Madrid 2-0 Rayo Vallecano
David Jorquera - La Crónica David Jorquera - La Crónica

El Real Madrid consiguió una cómoda victoria ante el Rayo Vallecano en el Bernabéu (2-0). La sorpresa de la noche, la titularidad de Morata, le vino acompañada al chaval con la consecución del primer tanto del partido. Sergio Ramos haría el segundo poco después y ahí se acabó el partido, ya que el andaluz fue expulsado al poco tiempo y el Madrid se dedicó a conservar su ventaja mientras el Rayo no dio más de sí.

Cerca de dos horas antes de que arrancara el partido saltaba la noticia, Álvaro Morata iba a ser por primera vez titular en Liga con el primer equipo del Real Madrid. Comenzó siendo un rumor que fue creciendo hasta hacerse oficial cerca de una hora antes del inicio del partido. Seguramente, Morata era una de las personas más felices del planeta. Iba a debutar como titular en Liga en el Bernabéu. Como para que el corazón le diera un vuelco.

Si ya el simple hecho de verse en la pizarra de los titulares ya fue una alegría, tocar uno de tus primeros balones y meterlo en la portería debió ser lo más parecido a tocar el cielo. La lluvia empezaba a jalear por el Bernabéu, y Morata se había colado entre ella, también entre la defensa del Rayo, para empujar en el segundo palo un servicio de Özil desde dentro del área. Tres minutos de partido y el Madrid ya ganaba. Con un gol de un canterano en su debut oficial como titular en la competición de la regularidad. Situación idílica, desde luego. Eso sí, el cuento de hadas de Morata encontraría un hechizo en forma de árbitro que daría al traste con una noche que se quedó en un nivel nueve, y que amenazaba con subirse al 10.

No sólo de ese tempranero gol vivió el partido en sus primeros 15 minutos. Kaká tuvo una grandísima ocasión para reivindicarse de cara a portería, y el Rayo también daba sus zarpazos en forma de remate cruzado de Domínguez que se marchó fuera. El que no escapó de su destino fue el balón que Sergio Ramos cabeceó en el primer palo tras la segunda asistencia de la noche de Özil. El andaluz se adelantó a la zaga visitante y abrió la brecha del electrónico a una mayor escala. Se empezaba a dar por definitiva.

Eso sí, el castillo de naipes de la baraja blanca tuvo que cambiar de jugada después de que Sergio Ramos viera una roja de récord. Dos amarillas en apenas un minuto. La primera rigurosa, la segunda menos. El cóctel, en manos de un árbitro como Paradas Romero, fue explosivo. El defensa expulsado y Morata dejando su puesto en el campo a Raúl Albiol. Ahí se acababa la noche triunfal del chaval. Curiosamente, a los 27 minutos de partido ninguno de los dos goleadores del partido estaba ya sobre el terreno de juego. Para mirar en los libros de los récords. El Madrid tiró la manta hacia atrás, y lo que parecía iba a ser un intercambio de golpes feroz, se quedó en el bailoteo de la mosca.

Ficha técnica

Real Madrid 2: Diego López, Ramos, Pepe, Varane, Coentrao, Essien, Khedira, Özil (Di María 67’), Kaka (Callejón 79’), Cristiano Ronaldo y Morata (Albiol 27’)

Rayo Vallecano 0: Rubén, Tito, Casado (José Carlos 63’), Gálvez, Piti (Delibasic 82’), Domínguez, Trashorras (Vázquez 63’), Javi Fuego, Lass, Jordi, Leo Baptistao

Goles: 1-0 Morata (3’), 2-0 Ramos (12’)

Árbitro:  Paradas Romero. Amonestó a Ramos. Trashorras, Lass, Tito, Figueras, Cristiano, Pepe. Expulsó a Ramos (17’).

Estadio: Santiago Bernabéu  (65.000 espectadores)

Con el paso de los minutos el peso de la evidencia fue cayendo sobre unos y otros. El Rayo se empezó a dar cuenta que el intento de remontada se podía llegar a quedar, como mucho, en eso mismo, en un intento. Diego López apenas tuvo que intervenir en ningún momento, lo que indica que a pesar de estar con 10 jugadores el Real Madrid no sufrió agobios de ningún tipo que le hubieran podido causar algún disgusto en forma de gol en contra que pudiera apretar el marcador.

Ofensivamente, el Real Madrid se dedicó a guardar la compostura. Mourinho refrescó piezas para intentar dotar de piernas y pulmones a su equipo, que vivía bastante cómodo jugando a ver cómo el Rayo manejaba la pelota en zonas en las que no se atisbaban ni siquiera algunas cosquillas. Incluso, alguna acción como la que intentó Khedira dentro del área, cuyo pase final fue defectuoso, avivaron un tanto la sensación de que el marcador se movería algo durante el segundo acto. Nada más lejos de la realidad. El Bernabéu no volvería a cambiar sus dígitos. Tampoco hacía falta. Después de unas semanas muy cargadas de partidos, y a la espera de ver qué pasa con los de Mourinho en Liga y Champions, una plácida victoria en casa siempre deja buen sabor de boca.

 

 

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