Gracias Sergio, gracias Joan, gracias Vistalegre

Reconozco mi parcialidad al hablar de Sergio Llull y de Joan Plaza. Dos tipos que me han demostrado en el trato, tanto humano como profesional, ser dos auténticos fenómenos. Después de lo visto en Vistalegre la noche de ayer no se qué decir. Ser ventajista y recriminar a los ‘anti Plaza’ sus críticas hacia un entrenador que, a base de golpes, palos y críticas, se hace más y más grande me parece excesivamente fácil. Ridículo diría yo. Así que no diré que cuando más apretaba el Barcelona y cuando más negro se veía el panorama, el técnico blanco se sacó de la chistera una serie de defensas que maniataron al mismísimo Navarro, uno de los tres jugadores mejor pagados de toda Europa.

Lo de Llull es de otro mundo. No se si Pepe Sánchez ha sido el maestro que, en principio, se pretendía que fuera para este chaval nacido en Menorca aunque visto lo visto creo que el argentino ha decidido quitarse del medio para dejar paso a este todo terreno de las canchas. Físico privilegiado, un lanzamiento exterior muy mejorado, un carácter propio de un tío de 30 años y un auténtico showman. Un tipo de los que a mi me gustan, vaya. Supongo que la panorámica televisiva no recogió la escena de Sergio subiéndose a la mesa de los cronometradores nada más finalizar el partido. Fue la escena del triunfo. Del orgullo de sentirse madridista. Sólo espero y, estoy seguro, que Martín y Herreros tengan finiquitado en el diario de su mesita de noche el contrato de renovación de este chaval que acaba su compromiso con los blancos el próximo mes de junio. Una joya de este calibre merece un respaldo en forma de contrato amplio. Espero y deseo que así sea porque se lo merece.

No quería dejar pasar la ocasión de dar mi más sincera enhorabuena a la afición de Vistalegre. Yo tengo un síntoma infalible para saber en qué grado está metida la afición en el partido. Si mi ordenador habilitado en la zona de prensa vibra, buena señal. Ayer vibró durante gran parte del partido, hasta el punto de no poder entablar conversación alguna con los que me rodeaban. Atrás quedaron los tiempos de los piperos o, al menos, se refugian en otros deportes. No se cómo estará el tema del Pabellón Arena de Valdebebas, lo que sí tengo claro es que será difícil igualar el ambiente del coso de Carabanchel. Es más, si me dieran a elegir, yo optaría por aguantar en Vistalegre el mayor tiempo posible. La otra solución es trasladar a los 15.000 ‘toreros’ a Valdebebas en autobús, aunque eso parece tan improbable como que mi ordenador deje de moverse en la próxima visita del Barcelona a Madrid.
 



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