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Zinédine Zidane: 'el mago Zizou' reinventó el fútbol como arte

Cómo dejar una huella imborrable en el fútbol mundial.

Zinedine Zidane

Zinedine Zidane

Enrique Sanz | 23-06-2023

Zinédine Zidane ha marcado un antes y un después en la historia del deporte francés y europeo, pero sobre todo y ante todo, en la del Real Madrid.

La historia de Zinédine Zidane empieza mucho antes de que él naciera. Lo hace en 1953, cuando sus padres Smaïl y Malika Zidane deciden emigrar desde Argelia hasta Francia, asentándose en Marsella, en “Le Castellane”, uno de los ghettos más famosos de todo Francia conocido por su población musulmana y de origen norteafricano.

Corría el año 1972 y Zinédine, cuarto hijo de Smaïl y Malika Zidane, . Fue precisamente en este ambiente de delincuencia y mucho peligro para jóvenes impresionables en el que Zidane empezó a fijarse en el deporte como una forma de escapar de aquel insano lugar. El joven Zinédine practicó una sorprendente y amplia variedad de deportes en su infancia, la mayoría de ellos con relativo éxito: bádminton y judo fueron sus favoritos, llegando incluso a ser cinturón verde en este arte marcial.

El interés en el fútbol del joven Zinédine Zidane llega a través del Olympique de Marsella. En los pocos ratos libres, acudía con su padre al Vélodrome para ver jugar al equipo de la ciudad y escuchaba las historias de las gestas de Pelé como campeón de la Copa del Mundo, algo que llegó a imitar a su manera.

Su experiencia futbolística callejera comenzó a convertirse en algo más serio y disciplinado cuando fichó por un club modesto de Marsella, el Sèptemes-les-Vallons. Con tan solo 14 años sigue el consejo de sus padres y abandona el hogar familiar para embarcarse en el inicio de su aventura futbolística como miembro de la cantera del AS Cannes.

Tuvieron que pasar tres años para que, en la temporada 88/89, Zinédine Zidane hiciera su debut profesional el 20 de mayo de 1989. El empate a uno entre Nantes y Cannes sirvió para que Zidane jugara aproximadamente 15 minutos, tiempo insuficiente para dejar su huella en el partido.

La estancia de Zinédine Zidane en Cannes llegaba a su final al término de la temporada 91/92. El jugador había dejado una huella imborrable en aquel club, participando en 71 partidos y anotando 6 goles.

Su gran apoyo desde el principio

Para entonces, Zinédine Zidane ya mantenía una relación sentimental con Véronique Fernández Lentisco, una bailarina profesional francesa de origen español. Ambos se conocieron la víspera del partido en el que el mediapunta argelino anotaría su primer gol como jugador profesional, en 1992.

Dieron el siguiente paso en este vínculo después de anunciar su compromiso y oficializar su boda tan solo dos años después, en 1994. Desde entonces, Zidane no ha tenido ojos para ninguna otra mujer que no fuera Véronique, a la que conoció con tan solo 17 años. Tampoco ha tenido reparos en confesar, muchos años después, que “me habría tirado desde lo alto de un edificio por ella, para que me amase”.


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El sueño se volvía una realidad

Zidane dio la época más gloriosa al Girondins Bourdeaux. Este equipo galo fue el primer gran paso al estrellato para el francés, pero su gran ascenso como futbolista conocido en toda Europa no llegaría hasta la temporada 1995/1996.

El interés de FC Barcelona y Juventus de Turín ponía a la directiva del Bourdeaux en una situación muy comprometida: dos de los equipos más grandes de Europa estaban interesados en su máxima estrella. La Juventus de Turín simplemente tuvo que presentar su brillante proyecto deportivo, repleto de posibilidades de jugar en los grandes escenarios europeos, y un tránsfer de apenas 3,5 millones de euros.

El año 1994 fue uno de los más importantes en la vida de Zidane. Además de iniciar de forma definitiva su ascenso futbolístico y contraer matrimonio con Véronique,


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Zinédine tuvo la oportunidad de debutar en la selección francesa con tan solo 22 años. Muy pocos, desde aquel entonces, dudaron de que Zinédine Zidane no fuera a marcar una época en el fútbol mundial, convirtiéndose en un fijo de las convocatorias para todos los torneos en los que los galos tuvieran participación.

La Eurocopa de 1996 fue la consagración de Zidane como el líder de la nueva selección francesa. Le arrebató el ‘10’ a otros futbolistas ilustres como Michel Platini o Laurent Blanc y fue uno de los principales responsables de que los bleus llegaran hasta semifinales, donde fueron apeados por la selección revelación, la República Checa.

Desde Italia para el mundo

El traspaso por 3,5 millones de euros fue una verdadera ‘ganga’ por parte del club bianconero, que recibía en su disciplina a un futbolista ya consolidado en las competiciones de clubes y que apuntaba maneras gracias a su recorrido por la Eurocopa de ese mismo verano.

El galo empezó a lucir su nueva elástica el mismo ritmo con el que había terminado la Eurocopa de 1996: por todo lo alto. Asumió el dorsal ‘21’ y no tuvo problemas en echarse el equipo a la espalda durante toda la temporada, a pesar de que era un ‘novato’ en el vestuario. Se convirtió en uno de los principales generadores de juego del equipo juventino y prácticamente todas las jugadas de peligro pasaban por sus botas.


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Su primera temporada con la camiseta de la Juventus dio cuenta de que, a pesar de que todavía estaba asentándose, había llegado para cuajar números de élite. Marcó 7 goles aprovechando su potente disparo lejano e incluso asistió en cuatro de las cinco competiciones que jugó durante aquella campaña, logrando un montante final de 11 pases de gol.

El mejor tridente atacante de la época

Compuesto por Alessandro del Piero, Filipo Inzaghi y el propio Zidane cosechó dos de los cuatro títulos a los que aspiraban con la Juventus. La tercera final consecutiva de la Vecchia Signora tiene un sabor amargo y extraño para él, porque corresponde con la Séptima del Real Madrid.

Esta campaña, considerada una de las mejores de la historia de la escuadra transalpina, también fue una de las mejores para Zinédine. El mediapunta francoargelino cumplió lo que prometió durante el curso pasado y dio un importante ‘acelerón’.Con 11 goles y 14 asistencias, Zizou se consolidaba como uno de los mejores centrocampistas del mundo con tan solo 26 años.


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La selección de Francia, dirigida Roger Lemerre, estaba llamada a hacer historia y darle la primera estrella a Francia después de haber dejado muy buenas sensaciones en la Eurocopa tan solo dos años antes. Con un brillante torneo, el centrocampista francés demostró que tenía todo lo necesario para liderar a los galos tanto dentro como fuera del terreno de juego. Dejó huella anotando, de cabeza, dos de los tres goles que proclamaron a Francia como campeona del Mundo por primera vez desde que la competición naciera en 1934 de forma oficial.

Una campaña bañada en oro: todos le querían en su equipo

Añadir la primera estrella en la pechera de la camiseta gala pareció ser un esfuerzo que Zidane acusó gravemente. Y si Zinédine fallaba más de la cuenta, el Juventus no tenía medios para responder como debería un grande de Europa.

La salida de Lippi en febrero de 1998 trajo a una de las personas con las que más se cruzará a lo largo de su vida: Carlo Ancelotti. El italiano sustituía a su compatriota al frente del equipo bianconero con el objetivo de salvar la temporada ganando por fin la Champions League, el único trofeo que todavía podían rescatar de aquella campaña ‘maldita’.

No hubo forma: cayeron en semifinales, peleando con honor y hasta el final en un Old Trafford abarrotado en el que el Manchester United de sir Alex Ferguson supo hacer bueno el gol anotado en Italia aguantando el empate a dos en el Teatro de los Sueños.

El año 1998 terminó con Zidane alcanzando uno de los mayores hitos en la carrera de un futbolista. Después de haber ganado el primer Mundial de Francia y haber liderado al Juventus de Turín en una campaña histórica, el francoargelino era galardonado con el premio The Best. Por si fuera poco, dio la vuelta al mundo al convertirse en el ganador de uno de los mayores trofeos individuales que puede ofrecer el balompié a nivel internacional: el Balón de Oro.


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Dominio continental

Con la Eurocopa y su segundo premio The Best en el bolsillo, Zidane se disponía a afrontar una temporada más con el equipo bianconero aceptando una renovación que le convertía en uno de los futbolistas mejor pagados del Viejo Continente: parecía que Zizou había encontrado en la Vecchia Signora al club de su vida.

Hacia finales del año 2000, Zinédine Zidane se encontraba en Montecarlo, el mismo sitio en el que estaba un ‘novato’ presidente del Real Madrid. Por aquel entonces, Florentino Pérez era un consolidado hombre de negocios que siempre había soñado con seguir los pasos de Santiago Bernabéu, el mandatario blanco más importante de la historia de la entidad de Concha Espina.

La velada en el principado monegasco sirvió para que Zidane y Florentino Pérez forjaran un vínculo muy fuerte: el francoargelino estaba llamado a jugar en el Real Madrid. Tan solo un año antes, Pérez había prometido y logrado el fichaje de una de las máximas estrellas del FC Barcelona por una cifra récord. Sin embargo, este traspaso de Luis Figo por 62 millones de euros no sería nada comparado con lo que le esperaba a Zidane.


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El momento que certificó la unión fue una comunicación a través de una servilleta que el propio Florentino Pérez hizo llegar de mano en mano hasta la mesa del jugador. Ante el ‘21’ de la Juve se hallaba una oportunidad histórica, garabateada en aquel papel: “¿Quieres jugar en el Real Madrid?”. La respuesta afirmativa del mediapunta, escrita con un simple “Oui” desencadenó una serie de fuertes negociaciones que duraron el resto de la temporada 00/01.

Dicho y hecho: el presidente del Real Madrid pagó la abultada cifra de 75 millones de euros a la directiva de la Vecchia Signora por hacerse con los servicios del mediapunta francés. Daba comienzo de forma oficial la etapa de Los Galácticos en el Real Madrid.

Zinédine Zidane cerraba su etapa como jugador del Juventus de Turín vistiendo la camiseta en 212 partidos y disputando un total de 16.701 minutos. Además, bajo el estandarte juventino había cosechado 31 goles y otorgado 49 asistencias de gol.

Rápida adaptación para darlo todo

La llegada de Zinédine Zidane al Real Madrid fue propia de un jugador de su categoría, que había triunfado en casi todos y cada uno de los torneos que había disputado con la elástica del Juventus de Turín. Solo faltaba la Champions League, la competición que le había hecho abandonar la localidad del norte de Italia y trasladarse a la capital de España.

Zinédine Zidane comenzaba como jugador del Real Madrid con el dorsal ‘5’. Este número era el único que “quedaba libre tras la retirada de Manolo Sanchís” y Zidane tuvo que usarlo para atestiguar que “todos los jugadores en el Real Madrid son iguales” según el propio presidente blanco.


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‘Galaxia Real Madrid’: la gloria europea a su alcance

Arrancaba una nueva era en el fútbol mundial La temporada 01/02 fue la primera que Zidane vistió de blanco. Ya desde el principio, dejó muestras de su gran calidad y del acierto que había sido convertirle en uno de los ‘fundadores’ de Los Galácticos.

Más allá de haber quedado terceros en el campeonato nacional de liga y haber perdido la final de la Copa del Rey, el hecho más destacado de aquella temporada fue, sin duda, la mítica volea del propio Zizou en la final de la Champions contra el Bayer Leverkusen.

Aquella volea fue el punto culminante de la carrera de Zinédine Zidane: quedaba demostrado que la inversión que había hecho Florentino Pérez apenas nueve meses antes estaba totalmente justificada. El Real Madrid volvía a levantar una Copa de Europa tan solo dos años después de conseguir ‘la Octava’ y parecía que el proyecto de Los Galácticos estaba totalmente encarrilado con los fichajes que llegarían durante los dos años siguientes.

En su primera campaña con la elástica madridista, el mediapunta francoargelino logró 12 goles y 15 asistencias en 49 partidos. Su excelente trabajo le garantizó el premio a mejor jugador de la UEFA, pero el The Best se le volvía a escapar por muy poco.


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Lo ha borrado de su memoria

El Mundial de 2002 fue para olvidar. Zidane no se presentó en los primeros partidos por una lesión en un amistoso previo vistiendo el ‘10’ de Francia, un hecho que condenó la participación del equipo galo en esta cita mundialista.

Su eliminación en fase de grupos provocó un verdadero terremoto en todo el país debido al cambio tan radical después de haber llegado a la gloria en 1998 y en 2000 con el Mundial y la Eurocopa, espectivamente.

Zidane ‘remienda’ las costuras de la ‘galaxia’

La temporada 02/03 arrancaba por todo lo alto con el nuevo proyecto de Florentino Pérez demostrando que no había forma de detener a Los Galácticos. La incorporación de un rehabilitado Ronaldo Nazário dio una punta más de efectividad al Real Madrid, especialmente después de la turbulenta salida de Fernando Morientes, uno de los pesos pesados del vestuario: el delantero valenciano se vio desplazado del once titular por la irrupción de O Fenômeno.

Zidane disputó aquella campaña un total de 50 partidos y cosechó 12 goles y 19 asistencias. Todas estas intervenciones determinantes estuvieron circunscritas a Liga y Champions League. El francoargelino apenas jugó un partido en Copa del Rey y fue protagonista durante 45 minutos antes de ser cambiado. Estos méritos le hicieron merecedor de su tercer premio The Best por haber sido el mejor jugador para la FIFA durante el año 2003.


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Llegan los primeros problemas a la ‘Casa Blanca’

El proyecto de Los Galácticos comenzaría a vivir un lento declive del que Zidane, desafortunadamente, también formaría parte. La temporada 03/04 arrancó con el mediático fichaje de David Beckham, una de las últimas piezas que Florentino Pérez colocaría en el puzle de aquella galaxia de estrellas individuales del fútbol. La dirección técnica de Queiroz parecía haber sido un buen reemplazo y daba continuidad a la línea ganadora que había establecido Vicente del Bosque en las dos últimas temporadas.

Esa edición de la Champions League, habitual ‘refugio’ madridista, tampoco resultó muy agradable. Aunque habían llegado a cuartos de final después de una victoria de categoría frente al Bayern de Múnich en la vuelta de octavos de final, el fatídico cruce con el AS Mónaco echaría al Real Madrid del torneo, dando cuenta del frágil momento en el que se encontraban Los Galácticos.

A pesar de las malas sensaciones generales que dejó esta temporada en la afición madridista y a su frustración en el tramo final, Zizou siguió siendo de lo mejor del equipo y se convirtió en uno de los jugadores clave en el esquema táctico. Anotó 10 goles y dio 14 asistencias en 50 partidos.

Solo le quedaba una ‘bala en la recámara’

La Eurocopa de 2004 terminó de apagar definitivamente la carrera internacional de Zinédine Zidane. El astro francés volvió a enfundarse el ‘10’ de les bleus y el brazalete de capitán en el torneo del Viejo Continente. Después de una trabajosa clasificación para las rondas eliminatorias, la selección gala dirigida por Jacques Santini hizo aguas en cuartos de final al no poder sobrepasar la férrea defensa de una selección que terminó haciendo historia.

Grecia se deshacía de una de las favoritas a llevarse el trofeo de selecciones a pesar de que esta vez sí, Zidane tuvo una participación más activa: anotó 3 tantos y dio una asistencia en los cuatro partidos que disputó. Esta experiencia dejaba claro que con Zizou solo no bastaba.


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Crónica de un declive anunciado

El inicio de la campaña 04/05 no podía ser más turbulento. Aunque el verano había pacificado la agitación en la parroquia madridista, el repentino cambio de entrenador auguraba un curso complicado. La dimisión de José Antonio Camacho apenas 22 días después de ser oficialmente contratado como técnico de la disciplina blanca obligó a Florentino Pérez y sus directivos a contar con los servicios del entrenador Mariano García Remón.

La eliminación en octavos de final de la Champions League frente al Juventus de Turín significó una pésima carta de presentación de Vanderlei Luxemburgo, fichado después de la época navideña para sustituir a Remón y su falta de resultados deportivos.

En el terreno personal, Zidane experimentó los mismos fantasmas que le atormentaron en su peor temporada como jugador del Juventus de Turín. Aunque seguía siendo uno de los líderes del equipo en el césped, los 40 partidos que jugó solo dieron para 6 goles y 8 asistencias. La mayoría de estos registros fueron por la Liga, con tan solo una asistencia en Champions League.


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Una despedida amarga

La campaña 05/06 será la última de Zinédine Zidane como jugador del Real Madrid y como futbolista profesional. El derrumbamiento de Los Galácticos ya se había consolidado durante el curso previo, pero la sequía de trofeos por segundo año consecutivo certificó la extinción del megaproyecto futbolístico con el que Florentino Pérez soñó.

En su paso por el Real Madrid, Zinédine Zidane jugó un total de 18.201 minutos repartidos en 227 partidos. Anotó 49 goles y dio 68 asistencias, las dos marcas más altas de su carrera deportiva. También acumuló 29 tarjetas amarillas y dos expulsiones por roja directa. Además, enfiló los vestuarios antes de tiempo por doble amarilla en una ocasión, la única en toda su aventura como futbolista profesional.

El día en que Italia prohibió hacer historia a Zidane

Después de haber firmado su retirada del fútbol profesional de clubes, Zizou afrontaba su última competición internacional como líder indiscutido de la selección francesa. A sus 34 años, Zidane se enfundaba por última vez el ‘10’ del combinado galo y el brazalete de capitán en una oportunidad histórica: podría ganar el Mundial dos veces en su carrera y poner un broche de oro a su trayectoria.

El fútbol, después de dos temporadas terroríficas en el Real Madrid, parecía estar del lado del mediapunta francoargelino. Llegó a la gran final del Mundial 2006 cosechando tres goles y dos asistencias y logrando que el presidente del país de la época, Jacques Chirac, se ‘soltara la melena’ en el vestuario de les bleus.

Este buen ambiente llevó a Francia hasta la final contra Italia. Parecía como un cuento, todo destinado para que Zinédine levantara por fin el segundo Mundial para el país galo en su retirada... hasta que en su camino se cruzó Marco Materazzi.

A un paso de la gloria total: le arruinaron

El último partido de la carrera deportiva de Zidane se había ido a la prórroga después del empate a uno en los primeros 90 minutos. El ‘10’ francés había recibido durante todo el encuentro un intensivo marcaje del zaguero italiano. Esta situación terminó por exasperar a Zizou, que dijo ‘basta’ después de un agarrón en el minuto 110 cuando el balón estaba muy lejos de ambos.

El intercambio de comentarios lo inició el propio jugador francés: “Si quieres mi camiseta, te la doy luego en el vestuario”. Materazzi hizo gala de una respuesta baja e intolerable: “Prefiero a tu hermana”.

La reacción de la leyenda del Real Madrid ya la conocemos todos: después de iniciar un leve trote, Zidane interrumpió su carrera y descargó un cabezazo en el pecho de Materazzi, lo que hizo que el jugador italiano cayera al suelo. El colegiado del encuentro, el uruguayo Horacio Elizondo, no había visto la jugada. Tampoco sus asistentes.


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La derrota de Francia en la final del Mundial de Alemania 2006 en los penaltis fue la despedida más amarga para un jugador que siempre había estado en la élite y que formó parte de una época gloriosa del Real Madrid.

Así se ponía punto final a una carrera sobre el verde en la que Zinédine Zidane había ganado dos ligas italianas, una liga española, una Supercopa de Italia, dos Supercopas de España, dos Copas Intercontinentales, dos Supercopas de Europa, una Champions League, una Eurocopa y un Mundial. A nivel individual, Zizou había ganado tres premios The Best, un premio al mejor jugador en Europa de la UEFA y un Balón de Oro.

En total Zidane había jugado 55.170 minutos en 690 partidos, anotando 125 goles y otorgando a sus compañeros 139 asistencias. Recibió 88 cartulinas amarillas, una expulsión por doble amarilla y 12 rojas directas.

Una familia muy unida al fútbol

Durante toda su trayectoria futbolística, Zidane había ido profundizando su relación con su esposa Véronique. Casados desde 1994, cuando todavía jugaba en el Girondins Bourdeaux, ambos han disfrutado siempre de una relación sana e inquebrantable que se ha ido fortaleciendo con el nacimiento de sus hijos Enzo, Luca, Théo y Elyaz. Todos han intentado seguir los pasos de su padre en el fútbol empezando desde abajo en La Fábrica, pero ninguno de ellos ha conseguido todavía llegar tan lejos como su progenitor.


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Nace el entrenador

El buen recuerdo de su paso como segundo de Ancelotti hizo que Florentino Pérez le quisiera para dirigir al Real Madrid Castilla. El francoargelino tenía por delante el reto de reconstruir al Real Madrid Castilla usando a la plantilla del desaparecido Real Madrid C, que se desvaneció esa misma temporada cuando sus jugadores pasaron a formar parte del grupo ‘B’ del equipo blanco.

La temporada de Zidane no fue muy estable en cuanto a resultados, aunque sí logró el principal objetivo que tenía la directiva: dar un nuevo espíritu de lucha y competitividad al primer filial, donde por aquel entonces destacaban jugadores como Raúl de Tomás, Lucas Torró, Borja Mayoral y Martin Ødegaard.

El cese de Carlo Ancelotti trajo como nuevo ocupante del banquillo del Real Madrid a Rafa Benítez, que llegó con su propio equipo técnico y con mano dura.

Sin embargo, el plan del entrenador blanco no arrancó de la mejor manera: los resultados deportivos no agradaban a Florentino Pérez y supuestos encontronazos con jugadores consolidados de la primera plantilla, como Luka Modric y Cristiano Ronaldo, provocaron su destitución después de solo siete meses en el cargo.


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Primer ciclo (2016-2018): nueva etapa histórica del Real Madrid

Hacia la conquista de lo imposible Hacia mitad de la temporada 15/16 se producía el desembarco de Zinédine Zidane como entrenador del Real Madrid. Todo el mundo palpaba el cese fulminante de Rafa

Benítez mucho tiempo antes de que este se produjera de forma efectiva, y Florentino Pérez decidió contactar con el entrenador del Real Madrid Castilla para ofrecerle el puesto de entrenador del primer equipo.

Pese a que muchos lo contemplaron como una solución temporal y un ‘parche’ mientras Florentino Pérez buscaba otro entrenador para la siguiente campaña, Zinédine Zidane se puso manos a la obra con la ayuda de David Bettoni.

La conexión de Zidane con el grupo imprimió un cambio radical en la mentalidad de los futbolistas, que empezaron a recuperar el terreno perdido en lo deportivo: el gran objetivo era la Champions League. Después de una cómoda eliminatoria contra el AS Roma por 4-0 en el global, llegaban los cuartos contra el Woflsburgo, una de las peores noches para Zinédine Zidane: se jugaba el puesto.


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Acción-reacción: Zidane en estado puro

David Bettoni recuerda que la moral de los futbolistas del Real Madrid estaba por los suelos después de la derrota en el partido de ida por 2-0, y el técnico francoargelino no esperó a salir del estadio alemán.

Nada más acabar el partido, Zidane ‘tomó’ el vestuario con las siguientes palabras: “Quedan noventa minutos y a un equipo como el Wolfsburgo, con poca experiencia europea y en el Santiago Bernabéu, quizás le asalten las dudas si metemos rápidamente un gol”. Esta motivación de Zidane, según contó su segundo entrenador, se ‘contagió’ al resto de jugadores.

El propio Bettoni lo vivió en persona cuando, varios días antes del partido de vuelta, Cristiano Ronaldo se acercó a él: “Era habitual que antes de cada partido, me llamara al final del entrenamiento para ensayar faltas. Nos quedábamos los dos en el campo un rato.

Pero ese día fue distinto. Me avisó de lo que iba a ocurrir. ‘Mañana voy a meter tres goles’. ‘Sólo tú puedes hacerlo’, le dije. Cumplió su promesa: marcó los tres goles con los que nos clasificamos para la siguiente ronda. Después de ese momento, todos sabíamos que podíamos ganar de verdad la Champions League”.

No se equivocaban. Aunque con mucho suspense y 120 minutos después, el Real Madrid levantaba una nueva Copa de Europa frente al Atlético de Madrid. La segunda final ganada en tres años, ambas contra uno de sus máximos rivales, terminó por consolidar en el cargo a un entrenador que había demostrado que es realmente importante conectar con los jugadores.


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La cumbre del ‘efecto Zidane’

Su estilo de trato con los jugadores, mezclando cercanía y sobriedad, fue una de las principales razones que convirtieron su primera etapa en el Real Madrid en una de las fases con más trofeos en la historia del club.

La conexión con sus pupilos logró aliviar los ‘egos’ de los titulares, aplacando sus ganas de ‘rebelarse’ contra el entrenador madridista y aceptando que tenían que dejar su sitio a compañeros que no disputaban los mismos minutos que ellos: “sabíamos que lo hacíamos con las espaldas muy seguras”.

La importancia de Zidane en aquel equipo era tal que sus propios jugadores intentaban ‘protegerle’ lo máximo posible. En el corazón de la Duodécima se muestra un momento del calentamiento previo a la final en el Cardiff Stadium en el que varias leyendas madridistas se acercan a Zidane para interesarse por él: “¿Estresado?”, le llegaron a preguntar. La respuesta de Míchel Salgado fue muy ilustrativa: “Si se estresa Zidane, estamos jodidos”.

La celebración de aquel título europeo involucró directamente al técnico francoargelino, que seguía luciendo su característico aplomo incluso en los momentos posteriores a haber revalidado el título de campeones de Europa. Sin embargo, el buen ambiente y la “conexión especial” que había en el Real Madrid se acabó aquel mismo verano.


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‘Morir’ ganando: ADN Real Madrid

La Liga de la temporada 17/18 se acabó para el Real Madrid mucho antes de lo esperado. Tanto el banquillo como el vestuario empezaban a mostrar síntomas de agotamiento y de haber ‘quemado’ la estancia de Zinédine Zidane como entrenador del equipo blanco.

A pesar de su naturaleza dura, Zizou recibió mucho ‘castigo’ por parte de la prensa, lo que terminó por afectarle más de lo esperado.

El estilo de Zidane ya no convencía del todo a sus jugadores, que sufrían una nueva eliminación en Copa del Rey frente al Leganés, equipo de Segunda División. Esa fue la gota que colmó el vaso y llevó a Zidane a renunciar a final del curso: “Ganemos o perdamos la Champions, necesito tomarme un descanso. Los futbolistas del Madrid necesitan ver otra persona, con otro discurso y otra metodología”.

La decisión ya estaba tomada. Solo quedaba apurar hasta el final y seguir haciendo historia ganando la Champions League tres veces seguidas. La inestabilidad en el terreno personal, tanto de jugadores como de entrenador, fue un lastre que duró toda la temporada.

Con su marcha del banquillo del Real Madrid, Zinédine Zidane dejaba de ser ‘Harry Potter’ y se convertía en un profeta, aunque con cierta distancia. Después de ganar la Novena en Glasgow, Zidane reconocía en una entrevista de 2003 que quería seguir ampliando las vitrinas del Santiago Bernabéu: “quiero la Décima, la Undécima y la Duodécima”. Lo que no sabía el entonces jugador del Real Madrid era que estos títulos los levantaría como entrenador, no vestido con la elástica blanca.

Tanto el Real Madrid como Zinédine Zidane pasaban página después de tres Champions League consecutivas, una Liga, una Supercopa de España, dos Supercopas de Europa y dos Mundiales de Clubes.


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Poco descanso para los mejores del mundo

Parecía que Zinédine Zidane ya no iba a volver más al Real Madrid. La mala sensación que había dejado su marcha, inesperada por el madridismo, se unía a la desolación por la salida de Cristiano Ronaldo ese mismo verano. Fue, sin duda, el peor momento de los últimos tiempos en el Santiago Bernabéu.

La temporada 18/19 arrancaba con un ánimo enrarecido y con Julen Lopetegui como nuevo técnico blanco después de una intensa polémica con la RFEF: a falta de poco tiempo para la celebración del Mundial de Rusia 2018, el entrenador vasco había renunciado a su puesto para facilitar su llegada al banquillo del Santiago Bernabéu. Este movimiento obligó a la Federación a colocar a Fernando Hierro como técnico interino.

Ese curso no fue nada fácil para el aficionado del Real Madrid. Ya sin Cristiano Ronaldo, el club blanco intentó conseguir la Supercopa de Europa pero cayó por 2-4 frente al Atlético de Madrid.

A pesar de que los primeros partidos estuvieron engarzados en una buena racha de victorias, el equipo notó la ausencia del atacante portugués, que aportaba mucho más que goles en ataque. Los jugadores empezaron a dejar de creer y se sucedieron cuatro derrotas, solo interrumpidas por un empate a cero contra el conjunto colchonero en el Santiago Bernabéu, que acabaron con el bochornoso 5-1 del Camp Nou.

Aquella fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de Florentino Pérez, que desalojó a Lopetegui del banquillo por la vía rápida y ascendió a Santiago Solari, el segundo del técnico vasco, como entrenador interino hasta final de temporada.

Sin proyecto deportivo y sin entrenador, Florentino Pérez decidió recurrir al único que podría ser capaz de levantar una situación tan crítica: Zinédine Zidane. Aunque el francés había tomado la determinación de descansar durante un tiempo, no pudo evitar aceptar la petición, casi desesperada, del máximo mandatario blanco.


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Segundo ciclo (2019-2022): las dificultades quitan el brillo

Las tácticas anteriores ya no funcionaban: los jugadores habían ‘perdido’ cierto potencial y el equipo se había quedado sin uno de sus máximos artilleros. David Bettoni cuenta cómo Zidane se dio cuenta de que el Real Madrid tenía que hacerse valer en defensa para empezar a ganar partidos: “el resultado se vio en el campo. Diez partidos ganados y un empate en el último partido. Un triunfo [ganar LaLiga 19/20] muy merecido por cómo preparamos todo”.

Su, por ahora, última temporada en el Real Madrid estuvo marcada por las lesiones y por la pandemia de COVID-19, que azotó repetidamente al Real Madrid quitándole a jugadores importantes e incluso privando al propio Zinédine de ejercer como entrenador en algún que otro partido.

¿Otro ‘hasta la próxima’?

Aunque el francoargelino entendía el puesto de entrenador del Real Madrid “como un sacerdocio, llega el primero a Valdebebas y se va el último”, aquellos dos años habían aumentado su desgaste y la plantilla no rendía como antaño.

En verano de 2022, Zidane decía ‘adiós’ por segunda vez al banquillo de la entidad de Concha Espina, un lugar donde siempre se le vinculará en cada nuevo ‘terremoto’ por pequeño que sea, que afecte al entrenador de turno.


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Un futuro abierto a todo... y a casi todos

Desde entonces, solo rumores le han vinculado a nuevos puestos de trabajo: el Paris Saint-Germain, la selección francesa, una tercera etapa en el Real Madrid... Ninguno de estos trabajos parece ser recibido con demasiada apreciación por parte del francés, que sigue manteniéndose alejado de los banquillos.